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De Gloria En Gloria
LA SALVACIÓN DEL ALMA

por David W. Dyer


TABLA DE CONTENIDO

1-     El amor de Dios

2-     La oferta de la Vida

3-     Los dos árboles

4-     Las dos naturalezas

5-     La Sentencia de Muerte

6-     La Salvación del Alma

7-     El Tribunal de Cristo

8-     Montañas y Valles

9-     La Sangre del Pacto

10- Dividiendo el Alma y el Espíritu (1)

11- Dividiendo el Alma y el Espíritu (2)

12- Por Gracia a través de la Fe

13- La Imagen del Invisible

14- La Esperanza de Gloria


CAPITULO 11
DE GLORIA EN GLORIA
 
DIVIDIENDO EL ALMA DEL ESPIRITU (2)
En el último capítulo examinamos la importancia de
vivir por y en el (E) espíritu. Allí vimos que es del
Espíritu de Dios dentro de nuestro espíritu que Su
vida fluye a través de nosotros. Sin embargo, no somos
meramente seres espirituales. También tenemos un alma.
Y  es a través de esta alma (y en último término a
través de nuestro cuerpo físico) que lo que somos
dentro de nosotros se expresa al mundo.
En un hombre o una mujer que no conoce a Cristo, el
alma es el “órgano” dirigente dentro de su ser. No
teniendo Vida en el espíritu, no tienen alternativa
sino vivir por la vida anímica y expresar la
naturaleza caída. Su alma es la fuerza dominante en su
ser. Sin embargo, una vez que recibimos a Jesús, este
“asiento de gobierno” debe cambiar. Ahora, el alma, en
lugar de estar en la conducción, debe llegar a estar
sometida al espíritu. El alma debe llegar a ser la
sierva del espíritu, siendo dirigida y controlada por
una fuente superior. La vida de Dios dentro de
nosotros comienza a usar las facultades del alma para
expresar la naturaleza divina al mundo.
Para entender esto un poco más claramente es
importante declarar que el alma tiene tres
“capacidades” o facultades distintas. Estas son: la
habilidad de pensar, la habilidad de sentir y la
habilidad de decidir. La forma más fácil de recordar
esto es que tenemos una mente, tenemos emociones y
tenemos una voluntad. La mayoría de los maestros
bíblicos hoy día están de acuerdo en este punto que el
alma del hombre tiene estas tres partes: mente,
emociones y voluntad.
No hay nada inherentemente malo en estas tres
“facultades”. Fueron creadas por Dios y son necesarias
para cada parte de nuestro vivir. Obviamente, todos
deben pensar, sentir y decidir. El problema está en
cual es la  “vida” que está animando o usando estas
capacidades. Cuando la antigua vida SIQUE está en
control, resulta en pecado. Cuando la vida ZOE domina,
se manifiesta la justicia. Cualquiera que sean los
pensamientos, sentimientos y decisiones que se inicien
en nuestra alma, no pueden agradar a Dios. La fuente
está contaminada. Pero cuando nuestros pensamientos,
sentimientos, y decisiones fluyen del espíritu, son
una manifestación de Dios. Por lo tanto, lo que
necesitamos en nuestra alma es una transferencia de
dirección. Necesitamos “cambiar fuentes” por así
decirlo. Debemos aprender a dejar que el Espíritu de
Dios nos llene, domine y use las facultades del alma.
De esta manera podemos cumplir todos Sus maravillosos
planes.
Consecuentemente, como vimos en el último capítulo,
hay una necesidad urgente-una necesidad
desesperada-que todo hijo de Dios conozca cuándo él o
ella está viviendo por la vida anímica o por el
espíritu. Debemos experimentar dentro de nuestro ser
el “partimiento del alma y el espíritu” (Heb. 4:12).
Debemos ser capaces de saber cuándo estamos siendo
animados por la vida vieja y cuándo estamos
experimentando la nueva. Sin esta importantísima
revelación, solo podemos vagar en la oscuridad,
encontrándonos de vez en cuando en la presencia de
Dios, quizás sin saber cómo o por qué llegamos allí, y
luego encontrándonos afuera otra vez sin una pauta de
cómo volver. Desafortunadamente, este es el estado de
muchos hijos de Dios.
 
 
 Ya que este dividir entre el alma y el espíritu es
tan importante, vamos a pasar tiempo aquí hablando en
más detalle a cerca de esto. En el último capítulo
hablamos acerca de lo que significa estar en el
espíritu. Aquí investigaremos cómo esto puede afectar
cada “parte” separada de nuestra alma.
 
LA MENTE
Comenzaremos nuestra consideración hablando acerca de
la mente. En una persona no salvada, esta facultad es
generalmente la dominante. Efesios 2:3 habla de la
gente de este mundo que está bajo el control del
enemigo y vive llevando a cabo los deseos de la carne
(el cuerpo) y de la mente. Más aún en Efesios 4:17,18
leemos que el “resto de los gentiles” (en este caso
los no salvados) “caminan en la vanidad de su mente,
teniendo su entendimiento oscurecido, estando
separados de la vida de Dios”. Así entendemos que sin
la vida de Dios la única opción que tiene el
no-creyente es ser guiado por su mente. Esto resulta
solo en oscuridad. No importa cuan “iluminada” la
gente del mundo piense que es, comparada con las
verdaderas realidades espirituales está solo en
oscuridad. La sabiduría e inteligencia de la raza
caída no les conducen a Dios y es solo necedad a Sus
ojos (1Cor. 3:19) (1Cor.1:21).
 Por lo tanto, cuando una persona viene a Cristo,
tiene el hábito por largo tiempo arraigado de vivir
por su mente. Siempre ha sido esto en lo que ha
descansado y así con frecuencia continúa viviendo de
esta manera. Por esta razón, el cristianismo se
convierte en un ejercicio mental para ellos. Ellos
suponen que “crecer en Cristo” es un proceso de
aprendizaje. Dependiendo de su inteligencia natural y
habilidad, comienzan a estudiar las cosas de Dios y
leen la Biblia con la idea que cuando hayan acumulado
suficiente conocimiento, esto les capacitará para
andar en los caminos de Dios. Leen, estudian y
memorizan. Quizás asisten al colegio bíblico, compran
muchos libros cristianos y acumulan literatura, reúnen
información acerca de “cómo” actuar y reaccionar en
cada situación de la vida. Saben “cómo” dirigir,
“cómo” enseñar, “cómo” echar fuera demonios, “cómo”
adorar, “cómo” discipular, “cómo” curar a los
enfermos, “cómo” tener reuniones, “cómo” tratar con
esta o aquella situación, o esta o aquella clase de
persona y muchas otras cosas semejantes. Llegan a
estar llenos de conocimiento acerca de Dios y este
conocimiento constituye la base de su cristianismo.
Esta gente entonces tiene un tipo de cristianismo
mental. Es  producto de su mente. Como vimos en el
capítulo 3 acerca de los dos árboles, este es el
resultado de vivir en independencia de Dios. Una vez
que “sabemos cómo” hacer las cosas, podemos entonces
vivir y actuar sin ninguna dependencia del Espíritu en
absoluto. Esto es lo que significa andar en el alma.
Es confiar en nuestra mente en vez del Espíritu. Es
caminar por el árbol del conocimiento en lugar del
árbol de la vida. El “cristianismo” producido por este
tipo de actividad no agrada al Padre. Es una cierta
imitación seca y humana de un verdadero andar
espiritual. Es un esfuerzo natural para agradar a Dios
sin realmente someterse a El. 1Cor. 8:2 dice: “Si
alguno piensa que sabe algo, aún no sabe nada como
debe saberlo”.
Por favor no me malentienda. Muchos de estos
individuos son bien intencionados. Tienen un deseo
auténtico de agradar al Señor. Pero también lo tenía
Pablo cuando estaba persiguiendo a los creyentes antes
de convertirse. El problema no está en su deseo, sino
en su entendimiento. Las buenas intenciones combinadas
con oscuridad espiritual nunca llegarán a la meta de
Dios. Los fariseos trataban de agradar a Dios. No
solamente leían las Escrituras sino que las estudiaban
diligentemente todo el tiempo. Pero cuando la Palabra
Viviente apareció, estaban atados en su mente humana y
no pudieron reconocerla. Se le opusieron hasta la
muerte. Jesús dijo de ellos: “Ustedes escudriñan las
Escrituras, porque en ellas piensan que tienen vida
eterna….pero no están dispuestos a venir a Mí para que
puedan tener vida (ZOE) (Jn.5:39,40). Aquellos
cristianos que caminan según su mente con frecuencia
fallan en reconocerlo cuando El aparece. No sabiendo
cómo andar en el espíritu, se quedan solamente con un
análisis mental que es inútil cuando uno tiene que
discernir cosas espirituales. A veces, ellos también
se juntan para perseguir a aquellos que son guiados
por el Espíritu de Dios. Verdaderamente “la mente
carnal es enemistad contra Dios” (Rom. 8:7). Esto
significa que aquellos cuyas mentes están bajo el
control de su vida anímica están en oposición y aún en
guerra contra todo lo que Dios está haciendo aquí en
la tierra.
 
EL CANDELERO
 
Continuemos desde aquí a hablar acerca del plan de
Dios para nuestra mente. Dios mismo creó nuestra
mente, por tanto debe haber un propósito divino para
ella. Claramente El no quiere que seamos ignorantes o
tontos. Son inútiles para El los seguidores insensatos
que simplemente hacen lo que otro les dice o que
siguen cada impulso sin pensar. Su plan no es que
nosotros lleguemos a ser “insensatos” sino tener
nuestra mente  llena del Espíritu Santo y controlada
por El. Efesios 4:23 nos enseña que necesitamos ser
“renovados en el espíritu de nuestra mente”. Es que
nuestra mente tiene su propio espíritu? No. Lo que
esto significa es que el Espíritu Santo puede “salir”
del Lugar Santísimo y llenar nuestra mente. Así que
nos sometemos a El, comienza a dominar y gobernar
nuestros pensamientos. Nuestra mente entonces llega a
ser sierva del espíritu. En lugar de estar al frente
pensando por su cuenta  y decidiendo, la mente llega a
ser una herramienta a través de la cual el Espíritu,
puede expresarse. Debemos aprender cómo dejar que el
Espíritu, use nuestra mente, llenándola con Sus
pensamientos, Sus opiniones y Su entendimiento.
Esta es la experiencia del candelero. Este candelero
del cual hablamos era una pieza del mobiliario que
Dios instruyó a Moisés poner en el Lugar Santo del
Tabernáculo. El “Lugar Santo” es el área ubicada
justamente afuera del Lugar Santísimo y nos habla de
nuestra alma. Este candelero estaba siempre encendido,
ardiendo con aceite santo. Cuando Dios llena nuestra
mente, El nos da iluminación. Nuestros ojos
espirituales son abiertos y entendemos cosas que no
son de este mundo. De esta manera tenemos “luz”. Este
entendimiento no es producto del estudio, memorización
o esfuerzo mental. Es el resultado del Espíritu Santo
llenando nuestra mente. La revelación que tenemos no
es algo que hemos “aprendido” mentalmente sino algo
que se nos ha mostrado espiritualmente. En lugar de
tener información acerca de Dios, recibimos la
revelación de Dios. Obviamente, El puede usar muchas
diferentes formas para revelarnos cosas. Esto puede
venir a través de libros especialmente la Biblia.
Puede ser  producto de la predicación o la enseñanza
de alguna otra persona. Sin embargo, nunca será el
resultado del ejercicio mental y la habilidad humana,
sino de la apertura y sumisión de nuestra mente al
Espíritu Santo.
La Biblia nos enseña que “tenemos la mente de Cristo”
(1 Cor. 2:16). Para muchísimas personas, esto es solo
una enseñanza y no tiene significado real en sus vidas
diarias. Pero para aquellos que están llenos del
Espíritu, tiene profundo significado. Esto quiere
decir que en realidad podemos experimentar la mente de
Dios llenando y usando nuestra mente. En lugar de
tratar de “pensar como El pensaría” podemos tener Sus
pensamientos mismos y opiniones fluyendo dentro de
nosotros. En cada situación de la vida podemos recibir
instrucciones divinas. Esto no solo se aplica a las
“cosas espirituales” sino aún a nuestro pensamiento
común de cada día. Al caminar en el espíritu, no
funcionamos por lo que hemos aprendido o por lo que
pensamos sino por Su guía de cada momento. El
“conocimiento” no es nuestra fuente. Mas bien,
nuestras acciones y palabras son gobernadas por Dios
mismo.
 
LAS EMOCIONES
Hay otros creyentes a quienes no les agrada el
estudio. Tienen poco interés en algún tipo de
cristianismo “mental” su mente no es y nunca ha sido
muy predominante en sus vidas. Mas bien son gobernados
por sus sentimientos. Cuando estos individuos llegan a
ser cristianos, tienen entonces una tendencia a ser
guiados por emociones. Cuando “tienen ganas” de hacer
algo, lo hacen. Cuando no “tienen ganas”, entonces no.
Cuando algo les produce un buen sentir, entonces la
cosa debe ser de Dios. Cuando algo no les da
sensaciones agradables, entonces no debe ser de El.
Tales creyentes no están siendo guiados por el
Espíritu. Están andando en la carne. Ellos juzgan cada
reunión, enseñanza o experiencia por el tipo de
sentimientos que producen en sus emociones. Quizás
estos creyentes aún piensan que no es espiritual usar
su mente en absoluto. Ellos simplemente aceptan lo que
les hace sentir bien sin examinar la fuente o el
contenido.
El placer emocional o la alegría no es la verdadera
prueba de lo que viene de Dios. Las emociones pueden
provenir de una gran variedad de fuentes. Paisajes,
sonidos, aromas, entretenimiento y muchas otras cosas
pueden darnos buenos sentimientos. El sexo produce
buenos sentimientos. Gritar, cantar en voz alta,
bailar y saltar animadamente, sacudirse
intensamente-todas estas cosas pueden producir euforia
en el ser humano. La gente asiste a eventos deportivos
porque disfrutan el “clímax” emocional intenso que
experimentan al estar en medio de una multitud
estimulante y ruidosa. Muchos de los hijos de Dios
pasan sus vidas espirituales buscando este tipo de
entusiasmo. Van a conciertos cristianos con bastante
música ruidosa. Acuden a reuniones donde la gente está
cayendo al piso, sacudiéndose o gritando. Aunque pueda
tener adornos “cristianos”, con frecuencia los
resultados no son espirituales sino solo emocionales.
He notado a lo largo de los años que muchos creyentes
que son adictos a tales “sensaciones” fácilmente caen
en el pecado sexual. Ellos, siendo guiados por sus
emociones y no por el Espíritu fracasan en discernir
la fuente de tales excitaciones. El suyo es un
cristianismo sensual.
Desafortunadamente, hay muchas iglesias hoy día que
proveen a tales creyentes. Se esfuerzan por tener una
atmósfera que produzca buenas emociones en aquellos
que asisten y los motive a volver. Construyen
“templos” involucrados y hermosos para inspirar el
alma. Tienen ruidosas bandas de música para estimular
las emociones. La predicación es cuidadosamente
adaptada para producir sólo emociones agradables y no
algún tipo de convicción o incomodidad. Las bancas son
cómodas y el aire es templado. Los equipos de danza y
teatro están ahí para proveer entusiasmo adicional en
caso que la música esté deficiente o el sermón
aburrido. Equivocadamente piensan que las buenas
emociones son una evidencia de la obra del Espíritu
Santo. Aunque tales actividades puedan atraer grandes
cantidades de gente y parezcan exitosas nunca pueden
lograr los objetivos de Dios. Ellas simplemente
satisfacen las emociones apelando a la vida anímica.
No hacen nada para ayudarnos a cambiar el gobierno de
nuestras emociones, de nuestra vida a la Suya.
No me malentienda. Cuando el Espíritu de Dios dentro
de nuestro espíritu “se extiende” a nuestra alma, en
nuestras emociones podemos experimentar una gran
variedad de sensaciones. En realidad, esto es
precisamente lo que nuestro Señor quiere hacer. El
quiere usar nuestras emociones para expresar Sus
sentimientos en este mundo. Siendo que El es un Ser
infinito puede expresarse en nuestras emociones en una
variedad ilimitada de formas. A través del Espíritu
podemos sentir gozo. Podemos tener paz. Podemos amar.
Este es un amor no solo por nuestros amigos sino por
aquellos que no son fáciles de  amar. Este amor puede
aún desarrollarse en nosotros hacia nuestros enemigos.
También, en Dios podemos sentir pesar. Podemos
sentirnos afligidos. Podríamos sentir Su enojo, o Sus
celos o Su osadía. Pero para que esto ocurra debemos
someter nuestras emociones a Su control. Cuando Dios
gobierna nuestras emociones la verdadera personalidad
de Jesús puede mostrarse en nosotros. La pregunta ante
nosotros no es si tenemos o no tenemos sentimientos,
sino quien está gobernando estos sentimientos. La
pregunta no es si cierta manifestación es o no
“correcta”, sino qué vida es la fuente de esa
manifestación. El Espíritu del Señor puede llevarnos a
gritar, danzar y cantar. El nos puede estimular con
muchas emociones intensamente agradables. En realidad
nada en este mundo se puede comparar con las emociones
que Dios puede dar. Sin embargo, debemos discernir el
origen. Dios puede darnos buenos sentimientos pero no
todos los buenos sentimientos son de Dios. Dios puede
ser emocionante, pero no toda emoción es de Dios. Con
frecuencia, después que Dios ha dado a un individuo o
a un grupo una poderosa experiencia emocional, ellos
después gastan su energía tratando de recrear esa
experiencia a través de medios anímicos, por ejemplo:
música ruidosa, esfuerzo físico, gritos, etc. ¡Cómo
necesitamos la palabra de Dios para dividir entre el
alma y el espíritu dentro de nosotros! Necesitamos
urgentemente revelación para conocer la fuente de la
cual estamos viviendo. Si es el Espíritu de Dios,
entonces los sentimientos son aceptables. Si la fuente
es nuestra propia vida, entonces son totalmente
rechazables. Verdaderamente “la carne para nada
aprovecha” (Jn. 6:63). Cuando experimentamos placer
emocional como resultado del Espíritu Santo viviendo
en nosotros, esta es la experiencia de la mesa de los
panes de la proposición. Esta mesa también es una de
las piezas del mobiliario que está en el Lugar Santo,
justamente afuera del Lugar Santísimo en el
tabernáculo. En el último capítulo hemos visto que en
nuestro espíritu somos capaces de comer del “maná
escondido” (Ap.2:17) el cual viene de la comunión con
Dios. Pero cuando comemos en nuestro espíritu, nuestra
alma puede también ser satisfecha. Ella también puede
conocer el disfrute de la presencia de Dios. Todo ser
humano necesita placer emocional en algún momento u
otro. Una vida sin alegría puede llegar a ser
insoportable. Y así nuestro Dios en Su gran sabiduría
ha provisto también para nosotros un deleite
emocional. Los trozos de pan fresco pueden ser de gran
satisfacción cuando nuestro Dios escoge darnos esta
experiencia.
 
LA VOLUNTAD
Como hemos visto, algunos creyentes tratan de vivir su
vida cristiana por los esfuerzos de su mente. Otros
descansan fuertemente en sus emociones. Pero todavía
hay otro grupo. Estos son los que tienen una voluntad
particularmente fuerte. Quizás estos son los casos más
difíciles de tratar. Tales individuos pueden exigirse
así mismos a hacer casi cualquier cosa. A través del
poder de la fuerza de la voluntad, pueden alcanzar, al
menos ante sus propios ojos, cualquier norma que se
ponga delante de ellos. Cuando llegan a convertirse,
simplemente comienzan a usar su fuerte voluntad para
“vivir la vida cristiana”. Todos los principios y
advertencias del Nuevo Testamento se convierten para
ellos en un nuevo desafío para que ellos lo alcancen
con sus propios esfuerzos. Cada precepto, sea que se
trate de diezmar, someterse, ayudar o cualquier otra
cosa, es solo otra oportunidad para que ellos muestren
que están dispuestos y son capaces de hacerlo.
Estos individuos creen que están muy comprometidos con
Dios. Ellos en realidad están usando cada fibra de su
ser para hacer Su voluntad. Con mucha frecuencia tales
personas menosprecian a aquellos que son débiles.
Aquellos que no pueden superar pecados persistentes y
debilidades son menospreciados porque obviamente no
tienen “un compromiso suficientemente fuerte”. La
razón por la que tales casos son difíciles de tratar
es que las personas con una voluntad muy fuerte son
capaces de hacer una buena demostración de
cristianismo. Son capaces de “representar” de tal
manera que es difícil encontrarles defectos y es
difícil  mostrarles donde están fallando. Mediante su
fuerza de voluntad han hecho cesar todos los pecados
obvios. Han hecho todo lo que se esperaba de ellos.
Qué más podría querer Dios que esto? Comparados con
muchos otros, ellos son realmente capaces de hacer la
voluntad de Dios. La mejor esperanza para tales
personas es que Dios les prepare  un desafío  que no
puedan confrontar. En Su misericordia El puede
llevarles a confrontar una situación que sea demasiado
difícil o demasiado grande. El puede traerlos hasta el
final de sus recursos. Por supuesto, como hemos estado
viendo, el esfuerzo de nuestra voluntad no es en
absoluto lo que Dios realmente quiere. Todos los
esfuerzos de la vida anímica, no importa cuan buenos
puedan parecer los resultados, son rechazados por El.
Nuestra propia justicia es como trapos de inmundicia
para El (Isaías 54:6). Se dice  que la palabra Hebrea
aquí indica “trapos ensuciados por una mujer que está
teniendo su período menstrual” obviamente nuestro
Señor no está complacido con tales esfuerzo. Su deseo
es que le rindamos completamente el control de nuestra
voluntad. Su objetivo es que El sea capaz de usar
nuestra voluntad para hacer Su voluntad. La única
forma real de discernir cuándo alguien está viviendo
por el espíritu o simplemente viviendo por el poder de
su voluntad es percibir el “sabor” de lo que están
haciendo. El resultado de sus esfuerzos es el
agradable aroma de Cristo? O es el hedor del
auto-esfuerzo?. Son los demás atraídos por la dulzura
de Su carácter o repelidos por el seco y duro sentido
de obligación. Que Dios tenga misericordia de nosotros
para saber si estamos meramente viviendo  para El o en
realidad viviendo por El.
 
EL ALTAR DEL INCIENSO
Esto nos conduce entonces a la experiencia del altar
del incienso. Como hemos indicado, hay varios muebles
en el lugar santo. Ya hemos hablado acerca del
candelero y de la mesa del pan de la proposición. Sin
embargo, también hay en este lugar un altar para el
incienso. Es interesante que este mueble esté
conectado muy de cerca con el Lugar Santísimo. Antes
que el Sumo Sacerdote pudiera entrar en el Lugar
Santísimo, tenía que tomar algo de este incienso y
ponerlo en el incensario de oro. Luego, con este humo
perfumado elevándose hacia Dios desde el incensario en
su mano, podía pasar detrás  del velo.
La voluntad humana es muy importante en nuestra
relación con Dios. El no hará nada que esté contra
nuestra voluntad. Es decir que El no hará nada dentro
de nuestro ser a menos que estemos completamente y
totalmente dispuestos y listos para que El lo haga.
Por lo tanto, la voluntad es muy importante en nuestra
relación con El.  Si vamos a entrar detrás del velo,
nuestra voluntad deberá estar completamente rendida a
El. Si vamos a entrar  y vivir continuamente en el
Espíritu, deberemos tener nuestra voluntad ofrecida a
El sobre el altar. La suave fragancia de este incienso
debe siempre elevarse delante de Su trono. Debe estar
continuamente delante de El la sumisión rendida de
nuestra voluntad. Si no es así, vamos a encontrar que
es difícil entrar a Su presencia e imposible
permanecer en el espíritu. El verdadero cristianismo
no consiste en usar la fuerza de nuestra voluntad para
tratar de agradar a Jesús, sino someter nuestra
voluntad completamente a El de modo que pueda hacer
todo lo que El quiera dentro de nosotros. Ceder el
control total-la ofrenda incondicional de nuestra
voluntad-es necesario para todo aquel que viva una
auténtica vida espiritual.
La total rendición de nuestra voluntad a Dios debe
considerarse como el punto de inicio de un caminar
genuino con el Señor. La necesidad de una ofrenda tal
debería presentarse de una manera clara e
inconfundible a todos aquellos que estén interesados
en Jesús. Sin ello, aunque algunos pueden “recibir” a
Jesús, no pueden  ir muy lejos en su vida espiritual.
He conocido un incontable número de “cristianos” que
nunca han hecho este compromiso. Nunca han rendido
completamente el control de su voluntad a Dios. El
todavía no es Señor de su vida.
No pueden progresar porque están en constante
conflicto con el Espíritu acerca de quién  está a
cargo. Nunca crecen espiritualmente, nunca superan sus
problemas y pecados, son una carga constante para los
otros creyentes que los rodean, todo a causa de esta
única deficiencia. Nunca han rendido completamente su
voluntad a Cristo. A menos que usted haya llegado a
este punto sin resistencia o reserva no llegará a
ninguna parte en su andar espiritual.
Para caminar con Jesús en forma consistente y diaria,
la fuerza de nuestra voluntad debe ser quebrada.
Debemos llegar a un punto cuando no mas descansemos en
nuestra propia fuerza para hacer la voluntad de Dios.
Debemos llegar al “final de nosotros mismos” de modo
que nuestra fuerza esté solamente en Dios (2 Cor.1:9).
Para aquellos que tienen una voluntad muy fuerte, este
proceso es con frecuencia prolongado y doloroso.
Muchas veces nuestro Señor debe permitir a tales
persona pasar a través de pruebas severas y
aflicciones de modo que su hombre natural pueda ser
quebrantado. La confianza que tienen en sí mismos de
ser capaces de decidir y hacer, solo puede ser tocada
en forma permanente por el fracaso y el sufrimiento.
Jacob era un hombre confiado y astuto. Se aprovechó de
su hermano y engañó a su padre. El se las arregló para
obtener mucha riqueza de su suegro y finalmente luchó
con Dios mismo. Al final, Dios tocó su muslo. Algo
dentro de El fue permanentemente quebrado de modo que
ya no más fue completo. Después de esta experiencia su
nombre fue cambiado, de Jacob, que significa uno que
se aprovecha, a Israel, que significa Príncipe de
Dios. Cuántos de los hijos de Dios hoy día necesitan
este toque divino, el rompimiento de la fuerza anímica
al hacer y ser para El, de modo que Dios pueda
finalmente hacer y ser lo que El desea a través de
ellos.
 
DIVIDIENDO EL ESPIRITU Y EL ALMA
 
En el último capítulo hablamos acerca de lo que
significa estar en el espíritu. O sea, cuando estamos
experimentando comunión con Dios, cuando estamos
percibiendo Su dirección divina y cuando estamos
conociendo Su ley escrita sobre nuestros corazones,
entonces estamos en el espíritu. Aquí estamos
entendiendo que no solo podemos conocer a Dios en
nuestro espíritu sino que El puede también darnos
muchas experiencias, a veces muy poderosas, en nuestra
alma. Sin embargo, dos puntos necesitan quedar muy
claros.
Número uno: Aún cuando podamos tener muchas
experiencias gozosas del Espíritu en nuestra alma
debemos tener cuidado de nunca buscar estas
“experiencias”. Si buscamos revelación, hay muchas
fuentes de “revelación”. Si buscamos emociones, hay
muchas formas en que nuestras emociones pueden ser
estimuladas, incluyendo la acción de espíritus malos.
Un cristiano sabio no permitirá que sus emociones lo
guíen sino que permitirá que Dios guíe sus emociones
lo guíen sino que permitirá que Dios guíe sus
emociones. Nuestra necesidad es buscar continuamente
la Persona de Jesucristo. Nuestra necesidad urgente es
andar diariamente en el espíritu. Cuando sea Su
tiempo, nos dará revelación. Cuando El lo considere
apropiado, nos dará emociones placenteras. Así que nos
sometemos completamente a El en nuestra voluntad, todo
lo que necesitamos fluirá de nuestro espíritu a
nuestra alma.
Número dos: nunca debemos ser guiados solo por
nuestras “revelaciones” o sentimientos, sino por la
presencia de Dios en nuestro espíritu. Cualquier cosa
que ocurra en nuestra alma- o sea nuestra mente,
emociones y voluntad-debemos siempre tener cuidado de
juzgarlo por nuestro espíritu. En cada asunto, debemos
percibir la paz de Dios en lo más profundo de nuestro
ser. Debemos caminar en constante comunión con Jesús,
ser guiados por Su autoridad y saber si le estamos
ofendiendo o no. Este es el secreto-caminar en
comunión con Dios. Demasiados creyentes confían en
sueños, profecías, “palabras” o el  consejo de otros
como su guía. Otros dependen de sus sensaciones
emocionales par conducirse. Estos son cristianos
anímicos. Continuamente están mirando a las
actividades del alma como su fuente de dirección. No
están verdaderamente siendo guiados por el Espíritu
sino por una gran variedad de fuentes que pueden y de
hecho influyen en el alma. Ciertamente nuestro Dios
usa tales cosas como sueños, palabras proféticas, etc.
Para hablarnos o guiarnos. Estas cosas son importantes
para nosotros en la vida cristiana. El punto aquí es
que no debemos depender de estas cosas, sino siempre
pesarlas y juzgarlas a través de nuestra comunión con
Dios en el espíritu. En último término debemos ser
guiados por el espíritu, no por el alma.
 
SENSACIONES FÍSICAS
 
Cuántas veces a través de los años he oído a alguien
exclamar: “sentiste eso?” refiriéndose a alguna
sensación física que habían recibido durante una
reunión cristiana. Esto podría haber sido la “piel de
gallina”, sensación de hormigueo, un sentir de tibieza
o de frío, una sensación de viento impetuoso o un sin
número de otras cosas. Para ellos esta era una
indicación que Dios estaba presente o que algo que fue
dicho o hecho era de El. No hay duda que el espíritu
de Dios puede y de hecho produce dentro de nosotros
muchas sensaciones físicas. En Hechos por ejemplo, El
vino como un  “viento recio” (Hch. 2:2). El Espíritu
no solo puede llenar nuestra alma sino también nuestro
cuerpo físico. El problema es que demasiados creyentes
comienzan a confiar en estas sensaciones. Dependen de
ellas para su dirección y guía diarias. Peor aún,
comienzan a buscar tales cosas como si esto fuera lo
mismo que buscar a Dios. No saben cómo andar en el
espíritu y así solo están siendo guiados por la carne.
Dios puede darnos sensaciones físicas, pero todas las
sensaciones físicas no son  Dios. Tal estímulo puede
venir de muchas fuentes. Por tanto, sin vivir en
constante comunión con Dios en nuestro espíritu, no
tenemos una forma confiable  para juzgar si nuestras
sensaciones físicas son de El o no.
Cuando caminamos por el alma y somos guiados por
sensaciones anímicas y físicas, manifestamos la
naturaleza del alma y de la carne. Por esta razón en
la iglesia hoy vemos tanto del hombre natural. Vemos
orgullo, codicia, lascivia, luchas por el poder,
murmuración, envidia, celos, deshonestidad, un hermano
o hermana tomando ventaja de otro y muchas cosas como
estas. Todas estas son el resultado de depender del
alma y de las facultades del alma en lugar del
espíritu. Para aquellos que se apoyan en la vida
anímica, el gobierno del Espíritu no es experimentado.
La convicción de pecado, que encontramos en la
presencia de Dios no ocurre. Pensamientos naturales y
sentimientos están todos mezclados con espirituales de
una manera que produce una gran confusión en los
creyentes. No sabiendo cómo vivir en el espíritu, no
tienen base para discernir cual es cual. Ellos pueden
experimentar un “toque” real  de Dios de vez en
cuando, pero entonces tratan de re-crearlo por medios
anímicos. No saben como vivir en una comunión genuina
y constante con El. Consecuentemente, las iglesias hoy
día están llenas de creyentes carnales quienes están
teniendo muy poca victoria sobre el pecado y el
diablo.
Cómo necesitamos que la Palabra viviente de Dios
penetre la oscuridad de nuestro interior. Cómo lo
necesitamos para separar nuestra alma de nuestro
espíritu. Cómo necesitamos Su luz para mostrarnos como
vivir por Su presencia en nuestro espíritu y desde
este lugar permitirle revelarse a Si mismo a través de
nosotros al mundo.

Al Principio

Capítulo 12

TABLA DE CONTENIDO

1-     El amor de Dios

2-     La oferta de la Vida

3-     Los dos árboles

4-     Las dos naturalezas

5-     La Sentencia de Muerte

6-     La Salvación del Alma

7-     El Tribunal de Cristo

8-     Montañas y Valles

9-     La Sangre del Pacto

10- Dividiendo el Alma y el Espíritu (1)

11- Dividiendo el Alma y el Espíritu (2)

12- Por Gracia a través de la Fe

13- La Imagen del Invisible

14- La Esperanza de Gloria