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De Gloria En Gloria
LA SALVACIÓN DEL ALMA

por David W. Dyer


ABLA DE CONTENIDO

1-     El amor de Dios

2-     La oferta de la Vida

3-     Los dos árboles

4-     Las dos naturalezas

5-     La Sentencia de Muerte

6-     La Salvación del Alma

7-     El Tribunal de Cristo

8-     Montañas y Valles

9-     La Sangre del Pacto

10- Dividiendo el Alma y el Espíritu (1)

11- Dividiendo el Alma y el Espíritu (2)

12- Por Gracia a través de la Fe

13- La Imagen del Invisible

14- La Esperanza de Gloria


CAPITULO 13
DE GLORIA EN GLORIA
 
LA IMAGEN DEL INVISIBLE
En este capítulo vamos a estar tratando un asunto que
es muy santo. El objeto de nuestra investigación es
Dios mismo. Por lo tanto, me gustaría  instar a cada
lector, antes de comenzar a leer, a quitarse los
zapatos- esto es espiritualmente hablando. Lo que
quiero decir es esto: Dios está mucho más allá de
nuestra comprensión humana. El es el Creador y
nosotros somos solo Sus criaturas. Es absolutamente
imposible que nosotros lo examinemos a fondo o lo
comprendamos. Consecuentemente, al buscar algo de
iluminación
acerca de este asunto tan sagrado, no podemos, por
cierto, ni debemos preparar nuestras mentes.
Comprender aún el más pequeño aspecto de nuestro Dios
no es en absoluto un ejercicio mental. La única manera
cómo entenderemos algo en lo concerniente al
Todopoderoso es si El escoge revelarse a Sí mismo a
nosotros. Aunque no podemos comprenderle, sin embargo
El nos puede dar revelación espiritual la cual
sobrepasa por mucho la sabiduría humana. Los primeros
apóstoles no eran hombres eruditos. Muchos de ellos
fueron simples pescadores. Sin embargo la revelación
dada a ellos en relación a la persona de Dios es rica
y plena. Con todo esto en mente, me gustaría
recomendar que todos nosotros juntos nos humillemos
delante del Señor. Pongamos de lado nuestra lógica y
razonamientos humanos. No hollemos  Sus atrios con
nuestras propias imaginaciones e ideas. Apartemos de
nosotros prejuicios doctrinales y argumentos
teológicos y adorémosle como Creador y Rey. Lo que El
ha revelado en Su palabra es inmensamente profundo. Y
a través de Su palabra, El también puede revelarse a
Sí mismo a nosotros si es que y cuando El así lo
desee. Que El encuentre nuestra actitud reverente,
nuestros corazones humildes y abiertos para recibir
todo lo que El desee revelar.
Cuántos Dioses tenemos? Hay uno o hay tres? Leemos en
la Biblia a cerca de Dios el Padre, a cerca de Su Hijo
Jesucristo y a cerca del Espíritu Santo. Pero cómo
debemos entender esto? Las Escrituras declaran
explícitamente que solo hay un Dios. Gal. 3:20 dice:
“pero Dios es uno”. Stgo. 2:19 dice: “tu crees que
Dios es uno. Bien haces”. 1 Cor.8:4 confirma esto
declarando: “no hay otro Dios sino uno”. Pero si hay
solo un Dios, quién entonces, es Jesucristo y qué
acerca del Espíritu Santo? Ciertamente nunca
entenderemos estas cosas mediante un análisis mental.
El está más allá de nuestra comprensión. Es
significativo que en Isaías 9:6 leemos que el nombre
del Hijo de Dios se llamará “Admirable”. Me he
enterado que esto significa en hebreo, “tan grande
como para estar más allá de toda comprensión”.
Verdaderamente, este es un misterio que no se puede
descifrar sino que solo puede ser revelado.
Muchos han errado doctrinalmente inventando nuevas
frases extra-bíblicas y palabras para tratar de
describir la naturaleza de Dios. Esto es peligroso ya
que las palabras de la Biblia fueron cuidadosamente
escogidas por los autores para expresar exactamente lo
que Dios estaba tratando de decir. Otros han tratado
de convertir a Dios en diferentes fases o “modos”
imaginando que El se mueve o se ha movido de uno al
otro. Suponen que ahora no existe más el Padre sino
que El ha “llegado a ser” el Hijo. Todavía otros
equivocadamente han asignado diferentes
“personalidades” al Padre, al Espíritu Santo y a
Jesús. Para ellos el Padre es un tanto rígido,
estricto y distante. Por otro lado piensan que Jesús
es mucho más accesible y amoroso y tal vez nos protege
de las actitudes duras, censuradoras del Padre. El
Espíritu Santo se imaginan que tiene aún otras
características, quizás como sobrevolando como una
paloma, el cual viene sobre nosotros de vez en cuando
para darnos sensaciones buenas o hacer algún tipo de
milagro.
Estos y muchos otros conceptos han sido propagados
desde la muerte de Cristo como medios para “explicar”
este misterio. Pero todas estas ideas erróneas son
simplemente el producto de la mente humana tratando de
entender a Dios. Cuánto necesitamos humillarnos
delante de El para que podamos recibir la revelación
de El mismo, la cual solo El puede dar. Supliquemos a
Dios juntos pidiendo un “espíritu de sabiduría y
revelación” (Ef. 1:7) de El para que nosotros también
veamos lo que los primeros apóstoles vieron.
Comencemos nuestra investigación aquí hablando a cerca
de Dios nuestro Padre. Mientras que meditamos en Su
santa palabra un hecho queda claro. Un aspecto de Su
persona se revela más allá de toda duda. Y es que El
es invisible. Col. 1:15 enseña que Jesús es la imagen
del “Dios invisible”. Este es exactamente el caso,
tenemos un Padre celestial quien es invisible.
Heb.11:27 confirma esto cuando habla a cerca de Moisés
así que huía de Egipto diciendo que él “se sostuvo
como viendo a Aquel que es invisible”. Jesús mismo nos
muestra que este “Dios invisible” es en realidad el
Padre cuando dice: “no que alguno haya visto al Padre”
(Jn.6:46). Obviamente, la gente ha visto al Hijo de
Dios, nuestro Señor Jesucristo. Pero es completamente
claro aquí que ninguno ha visto al Padre. Y por qué es
esto? Es porque El es invisible y por lo tanto es
imposible que alguno lo vea. En Jn. 1:18 leemos que
Jesús dice claramente: “Ninguno ha visto a Dios
jamás”. Esta frase se repite de modo que no pueda
haber duda en 1 Jn.4:12 donde leemos de nuevo:
“Ninguno ha visto a Dios jamás”. Ninguno ha visto
jamás a Dios el Padre. Esto lo aclara abundantemente
el Nuevo Testamento. Otra vez, la razón por la que
ninguno jamás lo ha visto es que El es invisible y
consecuentemente imposible de ver. Aunque este puede
no ser su concepto, es muy bíblico y verdadero.
No solo ninguno ha visto jamás a Dios el Padre, sino
que ninguno jamás lo verá. Este también es un hecho
bíblico. 1 Tim.6:16 manifiesta para nuestro beneficio
que Dios mora: “en luz inaccesible, a quien ningún
hombre ha visto o puede ver”. Ninguno jamás ha visto a
Dios y más aún, ninguno jamás puede ver a Dios.
Sencillamente la razón es que El es invisible, por lo
tanto, es imposible verlo. Algunos pueden tener la
idea que, aunque Dios por cierto es invisible hoy,
algún día en el futuro, El va a cambiar y hacerse
visible para que todos lo vean. Esta es una idea
errónea. Además de los versículos que ya hemos leído,
1Tim.1:17 enseña que nuestro Rey es “eterno, inmortal”
e “invisible”. Estos tres aspectos de Dios son lo que
El es. No son estados temporales de ser. Cuándo cesará
Dios de ser invisible? Cuándo podremos finalmente
verlo? Dios cesará de ser invisible solo cuando El no
sea más inmortal o eterno. Obviamente, nuestro Dios
siempre ha sido y siempre será inmortal. El siempre ha
sido y siempre será inmortal. El siempre ha sido y
siempre será eterno. De la misma manera, El siempre ha
sido y siempre será invisible. Esto significa que
usted no puede verlo y nunca será capaz de verlo.
Sin duda, algunos estarán un poco confundidos acerca
de esto, quizás recordando varios pasajes tal como en
Hechos 7:55, 56 donde Esteban cuando estaba siendo
apedreado, “miró al cielo y vio la gloria de Dios y a
Jesús en pié a la diestra de Dios”. Pero por favor
noten aquí que nuestro hermano Esteban vio “la gloria
de Dios” mas no  el rostro o la forma de Dios. Esta
revelación de la gloria de Dios se repite en Hebreos
1:3 donde leemos que Jesús “se sentó a la diestra de
la majestad en las alturas”. Ver la “gloria” o la
“majestad” es una cosa, ver la forma o  la persona del
Padre es otra. Se declara en Su palabra que El mora en
“luz inaccesible”. Quizás algunos han visto esta luz o
gloria pero ninguno jamás ha visto o verá su rostro.
Por las Escrituras que ya hemos revisado podemos estar
totalmente seguros que ni Esteban ni ningún otro vio
al Padre “en persona”. Escribiendo mucho tiempo
después del hecho de la muerte de Esteban, ambos,
Pablo y Juan afirmaron claramente que ninguno jamás ha
visto o puede ver a Dios. Ya que las Escrituras nunca
se contradicen unas a otras, es seguro que lo que
hemos manifestado aquí es absolutamente cierto. La
frase “sentado a la diestra” de un rey, o en este caso
de Dios, es una expresión que indica que la persona
comparte el poder y la autoridad. Ciertamente, Jesús
es “el poder de Dios” (1Cor.1:24) y tiene “toda
autoridad” (Mt.28:18) de parte del Padre.
Una vez más, les suplico, no trate de entender todo
esto con su mente e inteligencia. La comprensión que
Dios tiene para nosotros nunca vendrá de esta manera.
La revelación de Dios no es a través de la mente, sino
en el espíritu. Lo que necesitamos no es información
sino revelación. Nunca en absoluto entenderemos hasta
que nos sea revelado. Por lo tanto, entremos juntos a
la presencia de Dios para recibir todo lo que El tiene
para darnos.
 
DIOS REVELADO
Como hemos manifestado, aún cuando el Padre es
invisible, El de hecho revela y se ha revelado a Sí
mismo. Desde el comienzo de los tiempos, Dios se ha
estado expresando a Sí mismo al universo. Cuando Dios
se descubre, o se revela a Sí mismo, esto es lo que se
llama Su “imagen”. Por ejemplo, si usted fuera a ver
mi fotografía, esto podría llamarse, una imagen mía.
Sería una revelación mía o una expresión de mí mismo.
Esta imagen le diría mucho acerca de mí. Ahora por
alguna razón que para nosotros seres humanos es muy
difícil de entender, Dios ha llamado a esta “imagen” o
revelación de Sí mismo “Mi Hijo”. De acuerdo a las
Escrituras, el Hijo de Dios, Jesucristo, es “la imagen
del Dios invisible” (Col.1:15). Esto significa que el
Hijo es nada menos que Dios revelado-Dios manifestado.
Verificando este hecho, leemos en 2 Corintios 4:4 a
cerca de: “Cristo, quien es la imagen de Dios”. Usted
ve, cuando el Padre exhibe Su imagen- cuando El se
muestra a Sí mismo de una manera que es perceptible-
este es Su Hijo. Hebreos 1:3 clarifica aún más esta
verdad. Hablando acerca del Hijo, leemos que El es:
“el resplandor de Su gloria y la imagen expresa de Su
persona”. La revelación de Dios y la expresión de Su
imagen es Su Hijo. Volviendo a Juan 1:18 leemos:
“Ninguno ha visto a Dios jamás”. Pero, “el unigénito
Hijo, quien está en el seno del Padre, El le ha
declarado”. Ustedes ven, el Padre es invisible, pero
el Hijo lo ha declarado. El lo ha exhibido. El lo ha
revelado y mostrado. El Hijo de Dios ha manifestado,
descubierto y proclamado al Padre. Esta “declaración”
de Dios es el Hijo. Esto es verdaderamente algo
maravilloso. Cuando quiera y donde quiera que el Padre
se revele a Sí mismo, esto es lo que El llama “Su
Hijo”. En realidad, nosotros vamos a ver a Dios el
Padre  algún día. Apocalipsis 22:4 dice: “y verán Su
rostro”. Pero donde lo veremos a El? Veremos “la luz
del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de
Jesucristo” (2Cor.4:6). Este es el único lugar donde
El es y será revelado.
No solo esto, pero el Hijo de Dios es la total
manifestación de Dios. Esto quiere decir que fuera del
Hijo, el Padre no se revela a Si mismo, sino que en el
Hijo esta la totalidad de la revelación. Colosenses
2:9 dice que en El, “habita corporalmente toda la
plenitud de la deidad”. Otra vez en Colosenses 1:19
leemos: “Por cuanto agradó al Padre que en El habitase
toda la plenitud”. Por lo tanto, para conocer a Dios o
verle y entenderle, hay solo un lugar donde ver, Su
Hijo. Si estamos deseando una comprensión del Padre o
si simplemente quisiéramos ver cómo es El, solo
necesitamos ver a Jesús. Verdaderamente, en El Dios se
manifiesta. Esta es la razón por la que es imposible
que alguno venga a Dios aparte de Jesús. El es el
camino, la verdad y la vida y ninguno viene al Padre
excepto a través de El (Jn.14:6). Jesús es la sin
igual expresión de Dios. El Hijo es el único lugar en
que el Padre es “exhibido”. Ninguno puede venir al
Padre a menos que El se revele a ellos y el único
lugar en el cual El es revelado es en el Hijo.
Jesús caminó en esta tierra con Sus discípulos por
aproximadamente tres años y medio. Durante este
tiempo, tuvieron amplia oportunidad para examinar Su
carácter. Sin duda que ellos amaban Su naturaleza
apacible. Disfrutaban de Su pureza, Su determinación,
Su gran amor. Estoy seguro que cada día les trajo una
nueva apreciación de Quien era y de lo que El era. Sin
embargo al pasar el tiempo, algunos de ellos tuvieron
curiosidad. Si Jesús era tan maravilloso, cómo sería
el Padre? De modo que un día Felipe vino a El y dijo
algo así como: “Jesús, tu eres realmente grande y te
apreciamos muchísimo, pero podrías por favor solo
mostrarnos un pequeño atisbo del Padre?” Jesús se
alarmó bastante por esta petición y respondió
diciendo: “He estado con ustedes tanto tiempo, y sin
embargo no me has conocido, Felipe? El que me ha visto
a Mí ha visto al Padre; de modo que cómo puedes decir,
muéstranos al Padre?” (Jn.14:8,9). Y en otro lugar
afirma: “Yo y mi Padre somos uno” (Jn.10:30).
Qué hay en cuanto a usted? Usted también ha “estado
con El” largo tiempo, pero realmente aún no lo conoce?
Quizás usted ha sido cristiano por muchos años, sin
embargo realmente no se da cuenta Quien es El? Nuestro
Señor  Jesús es verdaderamente la imagen del Dios
invisible. El no es alguna “personalidad” diferente.
El es la manifestación perfecta y completa del Padre.
Todos los atributos del Padre se revelan en el Hijo.
Por ejemplo, sabemos que Jesús era amoroso. Sin
embargo no era Su propio amor que El expresaba sino el
amor del Padre que se revelaba a través de El. La
Biblia claramente dice que era el “amor de Dios el
cual estaba en Cristo Jesús (Rom. 8:39). La paciencia
de Jesús, Su preocupación cuidadosa, Su autoridad, Su
delicadeza, Su santidad, Su pureza, Su celo-todo esto
fue solo una manifestación del Padre. Sus palabras y
acciones no eran las Suyas propias, sino eran
simplemente una exhibición de la vida del Padre
(Jn.14:10). Cuando El hablaba, era la autoridad del
Padre la que se oía. Cuando El obraba milagros, era el
poder del Padre el que se veía. Aún las expresiones
del rostro de Jesús eran una manifestación del corazón
del Padre. El Padre no es alguna “personalidad”
diferente. Este es un gran error. Si pensamos así eso
muestra que realmente no conocemos quien es Jesús. El
es por cierto la imagen exacta del Padre invisible.
Verdaderamente “el que ha visto [a El], ha visto al
Padre” (Jn.14:9).
En el Nuevo Testamento es claro que Dios es invisible.
También es abundantemente claro que ninguno lo ha
visto. Sin embargo, cuando leemos a través del Antiguo
Testamento, parece que muchos individuos y aún grupos
de personas vieron a Dios. Por ejemplo, Éxodo 24:9,10
dice: “Entonces Moisés subió, también Aarón, Nadab y
Abiú y setenta de los ancianos de Israel, y vieron al
Dios de Israel”. El profeta Amós dijo: “Vi al Señor”
(Amós 9:1). Micaías, otro profeta, también dijo que él
“vio al Señor” (2 Cr.18:18). Isaías también declara
que, “En el año que murió el Rey Usías vi yo al Señor
sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas
llenaban el templo” (Isaías 6:1). A quién entonces vio
esta gente? Jesús, Pablo y Juan, todos enfáticamente
declararon que ninguno había visto jamás a Dios y que
El es invisible. Sin embargo estos individuos
obviamente vieron a Alguien, a quien ellos
identificaron como Dios. Cómo puede ser esto? La única
explicación debe ser que ellos vieron a Dios
“revelado”. Ellos vieron al Hijo de Dios. Mucho antes
que fuera conocido como Jesucristo, Dios ya se estaba
revelando así mismo en Su Hijo. Es este hijo que era y
es “el Dios de Israel”.
 
LA PALABRA DE DIOS
Una de las maneras principales cómo es posible que
alguien se revele  a sí mismo es hablando. De hecho,
sin habla, es muy difícil comunicar alguna cosa a
alguno. Recuerdo muy claramente viniendo al Brasil por
primera vez. Yo no hablaba ni una palabra de
Portugués, yo sonreía mucho y movía la cabeza
afirmativamente, pero  una real comunicación  era
imposible con aquellos que no hablaban Inglés.
Nuestras palabras son la esencia misma de nuestra
propia expresión. Sin ellas, nuestra habilidad para
expresarnos es en extremo truncada. Un artista se
expresa a sí mismo a través de sus creaciones, pero
ésta también es una muy limitada expresión de todo lo
que está en su corazón. Es a través de nuestras
palabras que revelamos nuestros planes y propósitos y
también los pensamientos más profundos de nuestro
corazón. De la misma manera, Dios habla y se expresa a
Sí mismo a través de palabras. Ya que Sus palabras son
una revelación de Si mismo, ellas también son su Hijo.
Es muy claro que Jesucristo es “la palabra de Dios”
(Jn.1:1). El es la suma de todo lo que Dios habla,
tanto al hombre como al universo en su totalidad.
Hebreos 1:2 nos enseña que fue a través del Hijo, que
Dios creó el universo. Pero cómo Dios realizó esta
creación? El habló. El se reveló así mismo en habla,
hablando trajo a la existencia todo lo que El deseó.
Como hemos visto, esta manifestación de Si mismo es Su
Hijo. También, el Hijo es “Aquel” que está manteniendo
junta toda la creación hoy. Leemos en Colosenses 1:17
que es en El que “todas las cosas subsisten”. Hebreos
1:3 dice que Dios está sosteniendo todas las  cosas
por la Palabra de Su poder. Juntando estos dos
versículos vemos que el Hijo de Dios es por cierto la
“palabra de Su poder”.
Quizás esto pueda resolver para algunos de ustedes
eruditos de la Biblia un dilema teológico que ha
desconcertado a muchos por años. La Biblia manifiesta
claramente que Jesús fue el “primogénito de toda
creación”. Aunque algunas traducciones han tratado de
“ayudarnos” a entender poniendo esto como el
“primogénito sobre toda creación”, a menos que
tengamos mucha imaginación esta traducción tendría muy
poco significado en el idioma Inglés*. El problema de
los eruditos es que la palabra de Dios también indica
que esta “Palabra”, quien es el Hijo, ha existido
siempre. El estaba claramente “en el principio….con
Dios” (Jn.1:1). Por lo tanto, cómo es posible que
“nació” en algún período en el tiempo y que en ese
“nacimiento” el Padre dijo: “Mi Hijo eres tú, Yo te he
engendrado hoy” (Heb.1:5)? Si realmente estuvo “en el
principio con Dios”, cómo podía El haber “nacido”?.
La palabra de Dios, la expresión de Sí mismo, ha
estado siempre con El. En el “pasado de la eternidad”,
antes que cualquier cosa fuera creada, esta Palabra-Su
Hijo- estaba en el “seno del Padre” (Jn.1:18). Por
ejemplo este mensaje que estoy escribiendo ha estado
en mi corazón por años. No es algo que se me está
ocurriendo así que escribo, sino que ha estado
esperando dentro de mí hasta el momento cuando
finalmente me sentara e hiciera el trabajo. Así
también, la Palabra de Dios estuvo siempre con El, aún
desde “el principio”. Ustedes ven, hubo un “tiempo”
antes del tiempo, cuando Dios nunca había hablado.
Nunca se había revelado a Sí mismo en manera alguna.
Pero El decidió en Su corazón comenzar una maravillosa
creación y usando esta creación como base, echó a
andar el plan glorioso de
*El idioma original en el que este libro fue escrito
es el Inglés.
 
 
asegurarse una novia. Para hacer esta creación, Dios
habló por “primera vez”. El “dijo” y fue (Sal.33:9).
Así es cómo el universo fue creado, a través de Su
Palabra (Heb.11:3).Cuando El habló la Palabra que
siempre había estado en El, salió de El, “nació”por
así decirlo. Y Dios dijo de esta palabra que salió:
“Tu eres mi Hijo, Yo te he engendrado hoy”. Recordando
que Jesús es también “la sabiduría de Dios” (1 Cor.
1:24), tome un tiempo para revisar Proverbios 8:22-31
que da una figura muy clara de esta verdad.
Posiblemente esto “explicará” también a aquellos que
podrían preguntarse a cerca de esto, cómo Jesús podía
decir, “Mi Padre es más grande que Yo” (Jn. 14: 28).
Dado que sabemos que Jesús es Dios (1 Jn. 5: 20) y que
el Padre es Dios, cómo puede ser uno más grande que el
otro? La revelación del Hijo como la imagen del Padre
debiera ayudarnos aquí. Por ejemplo: lo que sea que yo
diga o haga, es una expresión de mi mismo. Ciertamente
“soy yo” mismo de una manera muy real. Sin embargo yo
soy y seré siempre “más grande” que mi expresión. La
totalidad de quien soy yo quizás nunca será plenamente
expresada. Así aún cuando yo me revelo a mí mismo de
muchas maneras y esta revelación es exactamente quien
soy yo, yo siempre seré “más grande” que cualquier
imagen de mí mismo que es revelada. De esta manera, el
Hijo podía decir, “el Padre es más grande que yo” sin
embargo aún  podía ser completa y totalmente Dios.
 
LA ENCARNACION
Lo que hemos estado tratando aquí es verdaderamente un
misterio. No es algo que puede ser comprendido
lógicamente sino que debe ser revelado. Pero hay
también algo más profundo en este misterio. Este Hijo
de Dios quien es la incomparable y plena revelación
del Padre-el mismo que fue “en el principio con Dios”-
llegó a ser un hombre y anduvo aquí en la tierra. Juan
1: 14 dice: “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre
nosotros, y nosotros contemplamos Su gloria, la gloria
como del unigénito del Padre, lleno de gracia y
verdad.” Por medio de una mujer quien era una virgen,
María, este eterno Hijo de Dios nació en este mundo
físico. Esto es lo que llamamos la “encarnación”, el
Hijo eterno recibiendo un cuerpo físico, humano. Cómo
fue esto posible, que la “plenitud de la Deidad” more
en forma corpórea, es verdaderamente un gran misterio.
Las Escrituras mismas declaran esto diciendo: “Grande
es el misterio de la piedad. Dios fue manifestado en
carne (Tim. 3:16). Para mí es demasiado profundo. No
lo puedo entender. Sin embargo sé que es verdad. La
incomparable expresión del Padre llegó a ser un ser
humano y caminó en esta tierra.
Sin duda, esto también fue un paso necesario para
llevar a cabo Su plan eterno. Como vimos en los
primeros capítulos, Dios está proyectando entrar en
una unión matrimonial con el hombre. Y para que este
“matrimonio” ocurra, las partes de la boda (o sea
aquellos que se están casando) deben ser semejantes.
Deben ser el mismo tipo de ser. Ya hemos tratado cómo
es que Dios está preparando al hombre para esta santa
unión. Primero El está impartiendo Su propia vida
eterna a aquellos que creen y luego a través de esta
vida está cambiando su naturaleza misma para ser como
la Suya. Pero por Su parte también ha habido un cierto
“cambio”. La imagen del Dios invisible ha llegado a
ser carne y sangre (Jn.1:14). El ha tomado para Sí
mismo la naturaleza de hombre, no solo para redimirnos
sino también para que la unión matrimonial pudiera
consumarse entre dos participantes que son lo mismo.
Ahora Dios puede estar en el hombre y el hombre en
Dios, quienes juntos entrarán en una santa e íntima
unión espiritual. Jesús no descartó Su cuerpo físico,
sino que cuando fue resucitado, Su cuerpo fue
glorificado. Así también en  la resurrección de los
muertos, nuestros cuerpos mortales serán glorificados
para ser como el Suyo.
Quizás otra razón para la encarnación fue el deseo del
Padre de ser conocido de una manera que fue mucho más
fácil de entender para nosotros que estamos atados a
la tierra. Antes que el Hijo llegar a ser el “Hijo del
Hombre”, Dios era una figura distante, Alguien a quien
la mayoría consideraba ser muy inaccesible. El estaba
muy lejos en el cielo y el hombre estaba aquí en la
tierra. Pero para demostrar  Su gran amor por el
hombre, El nos envió a Jesús .De esta manera, todo lo
que Dios es llegó a ser más “conocible” y accesible.
Las Escrituras dicen que los primeros apóstoles aún
“palparon” con sus manos a la palabra de Vida
(1Jn.1:1). Vieron Su carácter. Conocieron Su gracia.
Contemplaron Su gloria (Jn.1:14). Todo lo que el Padre
era, fue manifestado a ellos en la Persona del Hijo
encarnado. De esta manera, era y es posible conocer a
Dios de una manera más personal y real. A través del
Hijo, todo lo que el Padre es se revela a nosotros.
Todavía otra razón para la encarnación del Hijo fue la
necesidad de un sacrificio. Debido al pecado del
hombre, el plan de Dios evidentemente había sido
frustrado. La posibilidad que tenía el hombre de
recibir la vida santa de Dios fue completamente
retirada cuando Adán y Eva entraron en el pecado. Como
hemos visto, a los ojos de Dios, sólo la muerte podría
quitar esta mancha. Y así nuestro Padre amante envió a
Su Hijo a morir como un substituto por nosotros. Para
esto, era necesario un cuerpo humano. Como hemos
visto, la vida eterna no puede morir, de modo que el
Hijo también necesitaba recibir una vida humana
juntamente con un cuerpo físico. Habiendo sido
encarnado como hombre, podía entonces ofrecerse a Sí
mismo por nuestros pecados. Esto también es parte del
increíble plan de Dios.
 
LA PALABRA DE VIDA
Esta creación en la que vivimos fue traída a la
existencia por la Palabra del Padre. El habló y
existió. Sin embargo, esta creación no es la única
creación que Dios ha hecho. El ya ha comenzado una
nueva  creación (2Cor.5:17). Esta obra también ha sido
y está siendo hecha a través de Su Hijo, y dentro de
aquellos que reciben esta Palabra ocurre algo
maravilloso. En ellos ha comenzado una nueva creación.
La Palabra Viviente, entrando en un ser humano,
comienza esta obra. Y es  esta misma Palabra siendo
escuchada y recibida cada día, la que está haciendo
que esta nueva creación crezca y se expanda. Día a
día, así que estamos en comunión con Dios y “oímos”  y
obedecemos Su palabra, algo nuevo e increíble está
ocurriendo dentro de nuestro ser. Dios está hablando a
nuestro interior, y a través de esta comunicación, El
esta haciendo una nueva obra creativa. Aunque este
trabajo esta siendo hecho en secreto, o sea que está
oculto dentro de nuestros cuerpos viejos, es muy real.
Algún día cuando Jesús venga por nosotros, todo lo que
ha sido creado nuevamente dentro de nosotros, será
revelado. Este “vaso de barro” (2 Cor.4:7) se partirá
y la gloria de Dios brotará en abundancia. El glorioso
carácter y la naturaleza de Jesús entonces serán
exhibidos a través de nosotros para que todo el
universo vea.
2 Tesalonicenses 1:10 habla de “cuando venga en aquel
día para ser glorificado en Sus santos y ser admirado
en todos aquellos que creen”.
Por lo tanto cuan importante es para nosotros estar
continuamente abiertos para recibir más de la palabra
viviente de Dios. Cuanto más penetra Su palabra en
nuestros corazones, tanto más Su nueva creación crece
dentro de nosotros. No solo es importante que nosotros
leamos la Biblia, sino que es esencial que nosotros
“oigamos” la voz de nuestro Salvador hablándonos a
través de sus páginas. No solo es esencial que
tengamos comunión con Dios, sino a través de esta
comunión permitir que Su palabra haga Su obra dentro
de nosotros. La palabra viviente, esta Persona que es
la manifestación de todo lo que Dios es, está
hablando, trayendo a la existencia una creación santa
y justa. Cuanto más dispuestos  y preparados estemos
para recibir esta palabra, tanto más seremos cambiados
a Su imagen.
Aunque no es el tema de este escrito, quizás sería
bueno decir unas pocas palabras a cerca del Espíritu
Santo. Como mencionamos al comienzo de este capítulo,
mucha gente tiene conceptos equivocados a cerca del
Espíritu, incluyendo la idea que El tiene una
personalidad diferente sea del Padre o de Jesucristo.
Para investigar esto más ampliamente, volvamos atrás
unos pocos capítulos a nuestra consideración del
hombre. Allí aprendimos que tenemos un cuerpo, un alma
y un espíritu. Este espíritu que tenemos no es un
individuo o personalidad aparte de nosotros. Es
nuestro espíritu humano. De la misma manera, el
Espíritu de Dios no es un ser separado con su propia
personalidad, sino simplemente el Espíritu de Dios.

Al Principio

Capítulo 14

TABLA DE CONTENIDO

1-     El amor de Dios

2-     La oferta de la Vida

3-     Los dos árboles

4-     Las dos naturalezas

5-     La Sentencia de Muerte

6-     La Salvación del Alma

7-     El Tribunal de Cristo

8-     Montañas y Valles

9-     La Sangre del Pacto

10- Dividiendo el Alma y el Espíritu (1)

11- Dividiendo el Alma y el Espíritu (2)

12- Por Gracia a través de la Fe

13- La Imagen del Invisible

14- La Esperanza de Gloria