A Grain of Wheat Ministries

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De Gloria En Gloria
LA SALVACIÓN DEL ALMA

por David W. Dyer


TABLA DE CONTENIDO

1-     El amor de Dios

2-     La oferta de la Vida

3-     Los dos árboles

4-     Las dos naturalezas

5-     La Sentencia de Muerte

6-     La Salvación del Alma

7-     El Tribunal de Cristo

8-     Montañas y Valles

9-     La Sangre del Pacto

10- Dividiendo el Alma y el Espíritu (1)

11- Dividiendo el Alma y el Espíritu (2)

12- Por Gracia a través de la Fe

13- La Imagen del Invisible

14- La Esperanza de Gloria


CAPITULO 14
DE GLORIA EN GLORIA


LA ESPERANZA DE GLORIA

Cuál es nuestra esperanza? Como creyentes, que es
aquello en lo que esperamos y por lo que esperamos?
Para un cristiano, la esperanza constituye una gran
parte de su experiencia. Juntamente con la fe y el
amor es una de las tres cosas que perduran (1 Cor.
13:13). Pero qué es? En qué consiste? Estas son las
cosas que estaremos considerando en este capítulo.
Pablo ora que: “Los ojos de vuestro entendimiento sean
iluminados para que sepáis cuál es la esperanza de Su
llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de
Su herencia en los santos” (Ef. 1:18). Esto es
verdaderamente lo que necesitamos. Todos nosotros
necesitamos más revelación sobrenatural acerca de las
maravillosas cosas de Dios. Necesitamos que nuestros
“ojos” espirituales se abran para ver. Necesitamos
examinar profundamente Su maravilloso plan. Luego con
esta visión ardiendo en nosotros, darnos completamente
a Él para que Sus propósitos puedan cumplirse en
nosotros.
Sin embargo, antes que podamos realmente conocer cuál
es nuestra esperanza, podría ser necesario que nos
libremos de algunas cosas que puedan estar
sustituyendo lo que es genuino. Debemos librar
nuestras mentes de cualquier mito, medias verdades o
flagrantes mentiras que nos dan un concepto humano
pero no revelación espiritual. Cualquier
“entendimiento” que no es verdad, obstruirá nuestra
habilidad para recibir lo que es. Cualquier concepto
que no fluya del trono de Dios sino de las mentes de
los hombres ciertamente nos impedirá ver su verdad.
Cuando pensamos que ya conocemos algo, nuestras mentes
se llenan y satisfacen haciendo muy difícil que
nosotros recibamos algo más. Esta posición ciega y
cerrada es especialmente lamentable si lo que pensamos
ser luz resulta ser solo tinieblas. Por lo tanto es
imperativo tomar tiempo aquí en este escrito no solo
para declarar lo que es verdad, sino también para
examinar algunas ideas falsas muy comunes que toman el
lugar de la revelación divina en las mentes de algunos
creyentes. Que el Señor tenga misericordia de nosotros
para revelar Su propia verdad así que examinemos estas
cosas juntos.
Como hemos declarado muchas veces en este libro,
nuestro Dios bondadosamente a ofrecido a cualquiera
que lo desee la oportunidad de recibir Su propia vida
eterna. Una vez que poseemos esta Vida, estamos
entonces en capacidad de crecer espiritualmente en
todo lo que El es, llegando a ser hijos maduros.
Entonces, siendo así cambiados, estaremos preparados
para entrar en una santa unión matrimonial con nuestro
Creador. Por lo tanto, el verdadero mensaje del
Evangelio es un mensaje acerca de nuestro destino. Es
acerca de quiénes y qué podemos llegar a ser. Es
acerca de un cambio de vida radical de algo terrenal a
algo glorioso. Sin embargo, de alguna manera,
sutilmente estas maravillosas buenas noticias han sido
alteradas. El mensaje que con tanta frecuencia
escuchamos hoy ya no es más acerca de aquello que Dios
quiere que seamos (nuestro destino) sino acerca de un
lugar de llegada. El enfoque de nuestra atención ha
sido cambiado de lo que podemos “llegar a ser” a “ir a
algún lugar y obtener algo o algunas cosas”. En lugar
de predicar y pensar acerca de lo que seremos cuando
muramos, muchos se enfocan en relación a “donde
iremos” o “qué obtendremos”.
Para muchos cristianos estos días, su esperanza está
en un lugar llamado “cielo”. Eso quiere decir que
están anhelando un lugar de llegada, un domicilio
donde vivirán para siempre. Este lugar está quizás en
sus mentes, un tipo de “Disneylandia” celestial que
ofrece muchas clases de entretenimientos y una
variedad de placeres físicos y terrenales. No solo
piensan que tendrán bastante tranquilidad y gozo, sino
que también tendrán una gran mansión y una provisión
ilimitada de oro para gastar en lo que ellos quieran.
Naturalmente, Jesús estará allí en caso que lo
necesitemos para algo. Algunos se imaginan que pasarán
el tiempo jugando al golf. Para otros, quizás sus
esperanzas se cumplan corriendo tabla o navegando.
Muchos creen que su pasatiempo favorito estará
disponible para asegurarse que estarán felices y no
aburridos. Para resumir lo que muchos creen, “el
cielo” debe ser como un tipo de “tierra de placeres”
similar al “paraíso” musulmán.
El problema con todo esto es que estas cosas no son
verdad. Esto es solo una idea imaginaria, constituida
a partir de unos pocos versículos bíblicos mal
interpretados. Es un concepto humano y terrenal acerca
de la eternidad el cuál no es el mensaje de
Jesucristo. Siendo que eso no es verdad, no tiene
poder espiritual. No tiene autoridad para impactar
nuestras vidas de una manera real. No tiene influencia
para ligar los corazones de los hombres a lo que ellos
esperan. Por lo tanto no puede servir como un ancla
para el alma “dentro del velo” (Heb. 6:19), que les
ayude a salir victoriosos en tiempos de tentación y
prueba. Este mensaje de “una tierra gloriosa” es
simplemente un sistema de pensamiento mundano y
anímico el cual es impotente para impactar la vida de
la raza humana. La predicación del mismo no puede
salvar las almas y “creer en él” no cambiará nuestras
vidas o actitudes. La razón para esto ya ha sido
declarada: simplemente no es verdad. Solo la verdad de
Dios tiene verdadero poder.
Piénselo. Tales comodidades materiales juntamente con
la riqueza física y los placeres pueden ser obtenidos
por la gente en esta tierra hoy día. Muchos en el
mundo hoy viven obsesionados precisamente por estas
cosas. Quieren ir a “algún sitio” nuevo, diferente y
emocionante. Quieren irse de vacaciones a algún lugar
exótico u otro. La búsqueda de “cosas” es también
desenfrenada. Nuevos y más grandes televisores, botes,
autos, ropa y una variedad infinita de cosas es lo que
mucha gente del mundo trata de conseguir y vive para
conseguirlo. Lugares donde ir, cosas y placeres son
los intereses de este mundo, no del reino de Dios. Si
estas cosas son el objetivo, por qué no buscarlas aquí
y ahora? Si estas cosas son el plan de Dios para
nosotros, entonces por qué no deberíamos por todos los
medios y poniendo todo esfuerzo, tratar de conseguir
estas cosas hoy, en esta vida? De esta manera podemos
tener algunas de ellas ahora y aún más posteriormente.
Pero los objetivos de la vida espiritual son
diferentes. No tienen nada que ver con un lugar donde
podamos ir o que podríamos obtener, pero sí tiene
mucho que ver con “quienes” podríamos llegar a ser.
Las verdaderas metas espirituales no son las mismas
que las del mundo.
Recuerdo que hable a un grupo grande de creyentes en
un país muy pobre hace algunos años. Tratando de
aclararles acerca de la verdadera esperanza de gloria,
la riqueza genuina que debiéramos buscar hoy, les dije
algo así como “si tener una casa grande, tres
automóviles en el garaje y mucho dinero para gastar es
el cielo, entonces los Estados Unidos es el cielo”. Me
quedé espantado al ver que toda la audiencia movía la
cabeza afirmativamente mostrando estar de acuerdo.
Para ellos, según el evangelio que habían recibido y
creían, los Estados Unidos era, sino el cielo, lo más
cercano a él. Queridos hermanos y hermanas, este no es
el verdadero mensaje del evangelio. Es solo una pobre
idea humana de cómo será la eternidad.
Posiblemente, decir que nuestras recompensas no serán
físicas o sensoriales pueda alarmar a algunos de
ustedes que leen esto. Puede ser que usted ya haya
estado “creyendo en” esta clase de cosas por muchos
años. No es mi intención ofenderlo. De modo que por
favor le insto, no cierre su mente, sino mas bien
abrámonos a Dios, examinemos Su palabra sin prejuicios
o conceptos preconcebidos y veamos lo que realmente es
el plan eterno de Dios.


NUESTRA VERDADERA “MANSIÓN”

Para comenzar me parece necesario hablar a cerca de
las mansiones celestiales que muchos creyentes esperan
recibir. En pocas palabras, no las hay. Así es, no
habrá mansiones, como nos las imaginamos, en el
“cielo”. Ahora, yo se tan bien como usted, el
versículo donde Jesús dice: “En la casa de mi Padre
hay muchas mansiones” (Jn. 14:2). Pero esta es una
traducción muy deficiente. La palabra traducida como
“mansiones” aquí debería ser “moradas” o habitaciones.
Pablo el apóstol nos explica lo que realmente es esta
“habitación”. Es nuestro nuevo cuerpo glorificado el
cual recibiremos. 2 Corintios 5: 1-4 dice: “Porque
sabemos que si nuestra casa terrenal, esta tienda,
fuera destruida, tenemos de Dios un edificio, una casa
no hecha de manos, eterna en los cielos. Por esto
gemimos, deseando fervientemente ser revestidos de
nuestra habitación que es del cielo, si por cierto,
habiendo sido vestidos, no seremos hallados desnudos.
Porque nosotros que estamos en esta tienda gemimos,
siendo agobiados, no porque queramos ser desnudados,
sino vestidos aún más, para que la mortalidad pueda
ser absorbida por la vida (ZOE)”. Usted ve, nuestra
nueva “casa” o habitación será nuestro nuevo cuerpo.
No tiene nada que ver con un edificio o casa física.
No es una mansión. El “lugar” que Jesús nos está
preparando es nuestro cuerpo celestial en el que
moraremos por la eternidad. Este cuerpo glorificado
que recibiremos es la única “mansión” que obtendremos.
Por favor note usted que en el versículo uno esta
“casa” está “en los cielos” pero en el versículo dos
vemos que cuando la recibimos no está más en el cielo
sino que es “del cielo”.
La eternidad no tendrá “habitación” separada para cada
uno. El concepto cristiano moderno de que la Nueva
Jerusalén esté dividida en subdivisiones o
apartamentos es erróneo. Yo he escuchado aún a
creyentes haciendo cálculos basados en las medidas de
la ciudad para averiguar cuánto “espacio” tendrá cada
uno. La Nueva Jerusalén no es un cubo que pudiera
dividirse en muchos compartimentos para vivir. Aún
cuando la altura, la profundidad y la anchura son
iguales no es un cubo. Más bien, es una montaña. Heb.
12:22 dice: “sino que os habéis acercado al Monte de
Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la
celestial,…”.
En la eternidad, viviendo en la nueva tierra, no habrá
necesidad para un tipo de casa terrenal. No
necesitaremos dormir, ya que no habrá nunca noche o
cansancio (Ap.21:25). Por lo tanto no habrá necesidad
de dormitorios. No necesitaremos cocinar comida, de
modo que las cocinas no serán necesarias. No
necesitaremos usar el cuarto de baño, consecuentemente
este lugar también será innecesario. No habrá
necesidad de privacidad ya que todo estará abierto y
expuesto a todos. La Nueva Jerusalén en su totalidad
es “diáfana como el cristal” (Ap. 21:11) allí no hay
nada escondido. No hay paredes interiores, barreras o
rincones oscuros en los cuales esconderse. No habrá
lugar donde “retirarse” a hacer algo que usted no
quiere que otros vean. No habrá deseos de “tener algo
de privacidad” en relación a otros ni en relación a
Dios mismo. No habrá cosas que dividan, nada escondido
u oscuro, no habrá grupos especiales o secretos. Si
esto no le atrae quizás todavía tenga dentro de su
corazón áreas de pensamiento o deseo que no han sido
traídas a la luz de Dios. Quizás usted está
necesitando una más profunda obra de limpieza del
Espíritu Santo para traer todo lo que usted es a esta
luz. De esta manera y solo de esta manera, usted
estará preparado para vivir en la presencia de Dios
por la eternidad.
Cuando nuestro Señor venga, toda resistencia, toda
oscuridad, toda indecisión de nuestra parte de tener
intimidad con El quedará completamente expuesta.
Cualquier temor, cualquier rebelión, dentro de
nuestras almas o falta de amor por El y solamente por
El llegará a ser totalmente evidente a nosotros mismos
y a todos los demás. Hoy lo vemos sólo por “espejo
oscuramente” (1 Cor. 13:12). En aquel día lo
conoceremos a El cara a cara. En la pura y
resplandeciente luz de Su rostro todo se verá
exactamente tal cual es. Cuando El aparezca, cualquier
forma cómo nos hayamos engañado a nosotros mismos,
esperando estar bien con Dios aún cuando no nos
sentíamos bien, se verá por lo que es. Cualquier
excusa que hayamos inventado para no buscarlo con todo
nuestro corazón y no hacer Su voluntad, será revelada.
Todos los secretos de nuestro corazón se pondrán de
manifiesto.


JESUS VIENE POR SU NOVIA
Jesús viene por Su novia. El está viniendo por aquella
con quien se desposará. Esto nos habla de gran
intimidad. El Cantar de los Cantares de Salomón dice:
“El rey me ha hecho entrar en Sus cámaras”. Pero qué
“cámara” es esta? Es Su oficina? Podría tratarse de Su
salón del trono? No, es la cámara de dormir. Esta
figura del lenguaje nos habla de una intimidad
incomparable. Está usando lenguaje humano para
describir nuestra futura unión espiritual con Cristo.
No habrá secretos allí. No habrá nada escondido o
encubierto. Recuerda usted el capítulo uno donde
hablamos a cerca de la primera boda, el matrimonio de
Adán y Eva? Allí en ese capítulo profético a cerca de
la futura “boda”, la palabra de Dios dice que “ambos
estaban desnudos y no se avergonzaban” (Gn.2:25). Qué
es lo que esto significa para nosotros? Se refiere
justamente al tema que estamos tratando. Habla de
estar completamente al “descubierto”, o sea que todo
es totalmente abierto, expuesto y a la luz. Sin
embargo, en este estado de “desnudez” no estaban
avergonzados. Esto es porque no tenían nada que
ocultar. Sin embargo, cuando cayeron en pecado, esta
gran comodidad que experimentaban en relación a la
apertura y la transparencia, se desvaneció. A causa de
su pecado, ellos de pronto sintieron la necesidad de
cubrirse y esconderse.
Qué hay de usted? Se sentirá cómodo con una intimidad
tal con Dios cuando El venga? Se sentirá usted feliz
de saber que El conoce todo a cerca de usted, todas
sus acciones, actitudes y palabras? Está usted
viviendo hoy en esta clase de transparencia auténtica
e intimidad con El? Ha confesado todo? Ha traído todo
a Su luz para que lo examine y juzgue? Está usted
viviendo diariamente en este tipo de “desnudez”
espiritual con El? Si no es así, entonces usted se
avergonzará en Su venida (1Jn.2: 28). Usted se sentirá
avergonzado y querrá esconderse. Usted estará
tremendamente atemorizado de encontrarse con El,
sabiendo que todo será expuesto. Muchos cristianos
insisten que están esperando ansiosamente el día
cuando Jesús venga. Dan voces, cantan y oran por Su
aparición. Pero cuando el cielo se abra y El comience
a aparecer, mucha de esta misma gente comenzará a
buscar un lugar para esconderse. De pronto se darán
cuenta de su verdadera condición interior. Su pecado,
que han estado escondiendo de ellos mismos y de otros,
rápidamente llegará a ser obvio. Cualquier “jugar a la
Iglesia” o aparentar estar en mejor estado espiritual
del que realmente están se mostrará completamente a la
luz de Su rostro. Isaías 33:14 dice: “Los pecadores en
Sión están atemorizados; espanto a sobrecogido a los
hipócritas”. Estos serán aquellos que estarán buscando
un lugar para esconderse.
No habrá montones de oro o plata en la Nueva Jerusalén
esperando que los gastemos. No habrá necesidad de
dinero. No habrá tiendas en las cuales gastar ni
productos para comprar. No habrá ninguno tratando de
usar las necesidades del otro para enriquecerse a sí
mismo. No habrá ninguno que tenga necesidad o alguno
que esté tratando de tener más que otro. De hecho no
tendremos necesidades en absoluto. Dios mismo será
todo lo que querremos o deseemos tener. Allí, ninguno
necesitará o querrá entretenimiento, pasatiempos o
placeres sensuales. Cualquier diversión de ese tipo
simplemente sería una distracción de la maravillosa
presencia de Dios.
No estoy diciendo que no habrá placer de ningún tipo.
De hecho, estoy completamente seguro que estar con
Jesús será la experiencia más placentera que ninguno
podría jamás imaginar. Ciertamente, en Su presencia
hay “plenitud de gozo” y “a Su diestra hay delicias
para siempre” (Sal.16:11). Es solo que estos placeres
serán diferentes. Serán espirituales, no terrenales.
Las cosas y alegrías de esta tierra, a las que nos
aferramos tan desesperadamente, no serán nada para
nosotros y aún hoy no son nada en comparación a lo que
Dios tiene para dar. Es nuestro privilegio hoy día
tener un “goce anticipado” o una pequeña muestra de
estas realidades espirituales. Aquí y ahora podemos
abandonar nuestro apetito de placer terrenal, sensual
y aprender como disfrutar de Dios mismo. Este disfrute
no es algo diferente de lo que conoceremos en el
futuro, sino sólo una muy pequeña muestra de lo real.

NUESTRO GALARDÓN SOBREMANERA GRANDE

Ciertamente es verdad que Jesús nos enseñó a hacernos
tesoros en el cielo (Mt. 6:20). Y también, que
“nuestra esperanza nos está guardada en los cielos”
(Col.1:5). Pero hay otro hecho que debemos ser
cuidadosos en recordar. Jesús claramente dice que
cuando El venga, estará trayendo este “galardón” con
El a la tierra. El dice: “he aquí, vengo pronto, y mi
galardón conmigo (Ap.22:12). Nuestro “galardón” puede
estar en el cielo ahora, pero no se quedará allí. Será
traído a la tierra a la venida de Jesucristo. Y qué es
este galardón? Ya que no será plata u oro u otra clase
de riqueza terrenal, qué podría ser? Es significativo
que Dios dijera a Abraham, “Yo soy tu escudo y tu
galardón sobremanera grande (Gn.15:1). Usted ve, Dios
mismo es nuestro galardón. El y solamente El será
Aquel de quien gocemos. Nuestro galardón no es un
lugar de llegada como el cielo (o aún una nueva
tierra). No es riqueza como oro o plata. Es una
Persona. Es la oportunidad de entrar abierta y
plenamente en Su presencia y disfrutar de todo lo que
El es. Más aún, como vimos en el capítulo 7 acerca del
Tribunal de Cristo, nuestra habilidad para disfrutar
de este galardón, que podría entenderse como el
“tamaño” de este galardón, será regido por nuestra
madurez espiritual.
Se siente usted decepcionado por esto? Le parece como
que está usted siendo engañado en cuanto a lo que
usted ha estado deseando? Ha estado usted esperando
otros muchos entretenimientos y placeres? Ha puesto
usted su corazón en tener una mansión en los cielos?
Entonces eso es una señal que usted aún no conoce
realmente a Dios como debe conocerlo. Sus ojos
espirituales aún no han sido abiertos para ver.
Todavía usted está atado a una comprensión humana y
terrenal de la eternidad. Pero déjeme declarar esto
con toda franqueza: Dios es todo! El es todo lo que
jamás querremos o necesitaremos. El es el creador de
todas las “cosas” que valoramos tanto. El es muchísimo
más grande que nuestros pequeños “placeres” terrenales
como para hacerlos ver en comparación ridículos e
insignificantes. El es todo en todo. En Su asombrosa,
intensa y gloriosa presencia no pensaremos en nada más
y si lo hacemos, será solo para avergonzarnos de ello.
Verdaderamente Dios mismo será nuestro galardón
“sobremanera grande”.
Sin duda, cuando estemos con Jesús, habrá muchas cosas
para que nosotros hagamos. Sin embargo, no serán estas
cosas las que nos darán satisfacción. No serán las
actividades ni los lugares los que constituirán
nuestro galardón o nuestra satisfacción. No los
miraremos como una fuente de entretenimiento o
diversión. Mas bien, estando completamente satisfechos
con nuestro Dios, también encontraremos gozo en
servirle y colaborar con El haciendo Su voluntad en el
universo. Estas actividades no serán la fuente de
nuestra felicidad sino el resultado del deleite que
tengamos en nuestro Señor. Nuestra atención y nuestros
deseos estarán plenamente enfocados en El en vez de
cualquier cosa que pudiéramos hacer, lugar donde
pudiéramos ir o cualquier cosa que El nos pudiera dar.
Nuestra relación con El, nuestro íntimo disfrute de Su
persona regirá la totalidad de nuestro afecto. Ninguna
otra cosa jamás se comparará o interferirá el placer
de esta intimidad indescriptible.

MI HERMANA, MI ESPOSA

Quizás usted se acuerde de cómo hablamos en el primer
capítulo acerca de Adán, juntamente con Dios, buscando
una compañera adecuada. Primero buscaron entre los
animales. Examinaron a cada uno, para ver si podría
satisfacer los requisitos. Ninguno era adecuado,
porque ninguno de ellos era igual que Adán. Entonces,
después que Dios hizo a Eva, Adán se despertó, la vio
y exclamó: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne
de mi carne” (Gen.2:23). De la misma manera, nuestro
Señor Jesús está buscando una esposa. Pero ella
también debe ser lo mismo que El es. Ella debe también
complementarlo en toda forma. Ella debe ser “hueso de
sus huesos” y “carne de Su carne” espiritualmente
hablando. Ella debe ser de Su propia vida y
naturaleza. Para lograr este propósito, Dios puso Su
propia vida a disposición del hombre. Cuando recibimos
esta vida, entonces ingresamos a la familia de Dios.
Llegamos as ser un nuevo tipo de criatura eterna, un
hijo del Altísimo.
Cuando Cristo vino a la tierra, El fue “el unigénito”
Hijo de Dios (Jn.3:16). Esto quiere decir que El era
el único “hijo” que Dios había producido. Sin embargo
más tarde esto cambió. El Padre ha engendrado ahora
muchos más hijos. Hoy día a Jesucristo ya no se le
llama más el “unigénito” sino el “primogénito entre
muchos hermanos” (Rom.8:29).
Muchos cristianos nuevos y aún no creyentes preguntan,
“con quien se casaron los primeros hijos de Adán y
Eva?”. Sin duda la respuesta debe ser que ellos se
casaron con una de sus propias hermanas. No había
otras opciones disponibles. No había otras personas
con las cuales formar pareja. Ya que en aquellos días
la gente vivía cientos de años. Había bastante tiempo
para que Adán y Eva tuvieran muchos, muchos
descendientes. Es interesante que Jesús también se
casara con Su “hermana” espiritualmente hablando. En
el Cantar de los Cantares (4:9,10,12) El llama a su
novia “hermana mía, esposa mía”. Ella tiene el mismo
Padre. Ella es de la misma familia, la familia de
Dios. Ella participa de la misma vida eterna como El.
El debe casarse con Su hermana ya que no hay otras
alternativas. No hay otros seres eternos disponibles
de los que pudiera escoger para engendrar hijos.
La novia de Cristo no solo debe tener la misma
“especie” de vida, sino que ella también debe poseer
la misma naturaleza. Ella también debe ser santa. Ella
también debe ser pura y sin pecado. La Escritura nos
enseña que Jesús presentará a Su novia a Sí mismo,
“una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga
ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”
delante de El en amor (Ef.5:27). El perdón de Dios nos
abre el camino para recibir la vida de Dios. Y la vida
de Dios es la agencia a través de la cual podemos ser
transformados a la naturaleza de Dios. Podemos y por
cierto debemos, “llegar a ser participantes de la
naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que
hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2
P.1:4). Esta naturaleza santa es también un requisito
para el matrimonio. Por dentro debemos ser como
Cristo. Si no somos como El, cómo podremos unirnos en
esta unión íntima con El? La Biblia dice, “Aquel que
tiene esta esperanza dentro de sí, se purifica a sí
mismo, así como El es puro” (1 Jn.3:3).
Para que haya un matrimonio del Cordero y Su novia,
ella debe tener la misma vida y la misma naturaleza.
Pero todavía hay otro requisito, ella debe tener la
misma clase de cuerpo. De esto también se ha ocupado
el Señor. Un día cuando El venga por nosotros,
entraremos a la gloria. Esto significa que nuestros
cuerpos serán glorificados para ser como el Suyo. Por
favor ponga cuidadosa atención a este hecho. Hablando
bíblicamente, “la gloria” no es un lugar. Es un estado
de ser. No es un lugar al cual iremos sino una
condición a la cual seremos transformados. Los
cristianos no están anticipando estar en “una tierra
de gloria” o “cielo” sino a ser glorificados. Esta es
nuestra esperanza. Nuestra esperanza no está en donde
iremos sino en lo que seremos transformados. Los
cristianos no están anticipando estar en “una tierra
de gloria” o “cielo” sino a ser glorificados. Esta es
nuestra esperanza. Nuestra esperanza no está en donde
iremos sino en lo que seremos. No es una esperanza de
ir a “algún sitio” sino de llegar a ser algo glorioso.
Colosenses 3:4 dice: “Cuando Cristo quien es nuestra
vida aparezca, entonces ustedes también aparecerán con
El en gloria”.
Si deseamos saber cómo será este cuerpo, sólo
necesitamos mirar la primera parte del libro de
Apocalipsis. Allí leemos cómo Jesús se ve “en gloria”,
en Su estado glorificado. “Su cabeza y Sus cabellos
eran blancos como blanca lana, como la nieve, y Sus
ojos como llama de fuego; y Sus pies eran semejantes
al bronce bruñido, como refinado en un horno y Su voz
como el sonido de muchas aguas…Su rostro era como el
sol brillando en su fuerza” (Ap.1:14-16) Esta figura,
aterradora, flamígera, brillante es nuestro Señor en
gloria. Es Jesús en Su cuerpo glorificado. Este
espectáculo fue tan intenso que nuestro hermano Juan
“cayó a Sus pies como muerto” cuando lo vio (Ap.1:17).
Esto, hermanos y hermanas, es verdadera gloria! Esta
también es nuestra esperanza, que seremos glorificados
para ser como El. 1 Juan 3:2 dice: “cuando El se
manifieste, seremos semejantes a El, porque le veremos
como El es”. Nuestro cuerpo será cambiado “en un
instante, en un abrir y cerrar de ojos” (1 Cor. 15:52)
para ser exactamente como El es. La Escritura nos
enseña que “aquellos que son sabios brillarán como el
resplandor del firmamento, y aquellos que hacen volver
a muchos a la justicia, como las estrellas a perpetua
eternidad” (Dn, 12:3).
Es interesante que este nuevo cuerpo está “en
construcción” ahora mismo. El está “preparando” este
lugar para nosotros. Posiblemente esto esté
relacionado con nuestro crecimiento espiritual. Es
probable que cuanto más maduremos espiritualmente,
tanto más glorioso llegue a ser nuestro cuerpo
espiritual. Entonces cuando Jesús aparezca, nuestro
nuevo cuerpo glorificado aparecerá en exacta armonía
con lo que somos interiormente.

LA ESPERANZA DE GLORIA

Esta, queridos amigos, es nuestra esperanza. Es la
esperanza de gloria. No es la esperanza de llegar a
algún lugar sino de nuestro destino. No es una
esperanza de donde podríamos ir o que podríamos
obtener, sino de llegar a ser todo lo que Cristo es.
Cómo necesitamos una revelación de esta verdad!. Cómo
necesitamos “contemplar Su gloria” (Jn.1:14) como lo
hicieron los primeros discípulos. Sin una revelación
de la gloria de Jesús, no tenemos esperanza. Si sólo
pensamos en recompensas físicas tales como lugares o
cosas, estamos desprovistos de una relación auténtica
que cambie nuestras vidas. Pero una vez que veamos la
gloria de Dios, una vez que veamos lo que significa
ser glorificado, una vez que vislumbremos la gloria
del siglo venidero, entonces ciertamente desecharemos
todo “peso y el pecado que tan fácilmente nos enreda”
(Heb.12:1). Cuando hemos visto “la gloria” ya nada más
importa. Cuando vemos lo que realmente se nos está
ofreciendo todo lo demás palidece en comparación.
La esperanza bíblica es “la esperanza de gloria”. Nos
“regocijamos en la esperanza de la gloria de Dios”
(Rom. 5:2). Esta esperanza es resultado de la
revelación. Cuando Dios nos revela Su gloria, entonces
y sólo entonces sabremos qué es lo que nos espera y
debemos anhelar. Es entonces que nos damos cuenta cuál
es “la esperanza de nuestro llamado”
(Ef. 1:18). Es entonces que tenemos entendimiento
espiritual. Esta revelación de la gloria de Dios que
va a ser nuestra herencia por cierto sirve como un
“ancla” para nuestras almas.
Es una revelación que cautiva nuestras mentes y
corazones de modo que ninguna otra cosa podría jamás
parecer mejor. Cualquier costo que tuviéramos que
pagar para lograr este objetivo, bien vale la pena.
Pablo dice que él “considera que los sufrimientos del
tiempo presente son nada comparados con la gloria que
será revelada en nosotros” (Rom.8:18).
En el anterior capítulo hablamos de quien realmente es
Jesucristo. El es el Hijo encarnado. El es la imagen
del Dios invisible. El es el instrumento a través del
cual el padre se revela a Sí mismo al universo, el
“resplandor de Su gloria y la imagen expresa de Su
persona” (Heb.1:3). Pero aquí en la Palabra de Dios
leemos acerca de una esperanza aún más increíble y
gloriosa. La Biblia dice que podemos ser cambiados a
esta misma imagen. 2 Corintios 3:18 dice: “Pero todos
a cara descubierta, contemplando y reflejando como en
un espejo la gloria del Señor estamos siendo cambiados
a la misma imagen, de gloria en gloria, aún como por
el Espíritu del Señor”. Qué increíble! Cuán
inimaginablemente maravilloso! Nosotros, pequeños e
insignificantes seres humanos, podemos ser
transformados a la “misma imagen”, la imagen del Dios
invisible. Nosotros no solo podemos contemplar Su
gloria hoy, sino que a través de este contemplar
podemos ser cambiados en aquello que vemos de un grado
de gloria a otro grado de gloria podemos ser
transformados en lo que El es. Esto es realmente
esperanza. Esto es algo en lo cual podemos establecer
firmemente nuestra esperanza. Esto es algo que vale
más que nada en el universo. Esto es algo que vale
todo el esfuerzo que hagamos para obtenerlo. Es algo
por lo que vale la pena renunciar a cualquier cosa,
negarnos cualquier cosa, algo por lo que vale la pena
aún renunciar a nuestras propias vidas para obtenerlo.
Esto es todo un contraste con las pobres y mezquinas
ideas humanas acerca de lo que será la “tierra de
gloria” o los deseos de placeres terrenales.
En Juan 17:21,22 tenemos una referencia de Jesús
orando al Padre. El no está orando por Sí mismo sino
por nosotros. Esta oración es de lo más increíble. El
declara que “la gloria que me diste, yo les he dado”.
Y con qué propósito nos está dando Su propia gloria?
Es para que “seamos uno; como tu, oh Padre, en Mí, y
yo en Tí, que también ellos sean uno en Nosotros”. Por
muchos años creí que Jesús oraba por la unidad entre
los cristianos. Hoy tengo un punto de vista muy
diferente. Ahora veo que El está orando para que
nosotros participemos en la unión que El tiene con Su
Padre. El deseo de Su corazón es que nosotros
lleguemos a ser “uno” con El tal como El es uno con Su
padre. El está pidiendo que se de una unión espiritual
y gloriosa entre El mismo y aquellos que lo aman y
siguen. Esta unión, esta intimidad es tan increíble
tan grande que es difícil imaginar que pudiera ser
verdad, El está abriendo el camino para que
participemos en la unión y comunión que El tiene con
el Padre. El Padre en El y El en nosotros, para que
esta santa e increíble unidad entre el Padre, el Hijo,
y la novia pueda ser hecha perfecta.

TODO LO QUE EL ES

Dios es infinito. El es eterno. Su creatividad es
ilimitada. Su poder no tiene limites. Su hermosura es
insuperable y Su gloria asombrosamente brillante.
Nuestro Rey es totalmente afable, generoso, amante,
justo y bueno. El es Aquel que ha hecho todo lo que
existe y aún hará todo de nuevo de una manera nueva.
(Ap. 21:5). No hay otro ser en el universo que se
pueda comparar con siquiera la más pequeña fracción de
todo lo que El es. La palabra de Dios nos enseña todas
estas cosas. Sin embargo, en la Biblia también podemos
descubrir lo que se llama “buenas noticias”. Es un
hecho tan bueno que es casi increíble, sin embargo es
verdad. Y es que Dios no está guardando todo esto para
Sí mismo. El tiene un deseo en lo profundo de Su
corazón de compartir todo esto con los hombres. El ha
invitado a aquellos que tienen la disposición de
someterse completamente a El, a venir y participar de
todo lo que El es. El plan de Dios es que nosotros,
simples seres humanos, podamos entrar y participar de
toda la gloria divina, naturaleza y autoridad. Podemos
aún sentarnos con El en Su trono (Ap. 3:21). Esto no
es decir que sólo podemos sentarnos un poco en su
regazo. Esto significa participar en el gobierno del
universo con Dios. Tal como una novia, después de
casarse, puede participar de todo con su esposo, así
también nosotros estamos invitados a participar de
todo lo que Dios tiene y es. Una esposa comparte el
hogar de su esposo. Tiene acceso a sus recursos
financieros. Participa de su posición social. En un
matrimonio correctamente establecido, porque ella está
sometida a el, ella tiene acceso no solo a todo lo que
el tiene sino también a todo lo que el es. Así
también, nosotros hemos sido llamados a ser la novia
de Cristo. Dios en Su gracia nos está abriendo el
camino para llegar a ser participantes con El de Su
gloria y reino.
Oh, cómo necesitamos visión espiritual! Cómo
necesitamos que nuestros “ojos” se abran para ver lo
que puede ser nuestro futuro! Necesitamos ver la meta.
Necesitamos desesperadamente entender que es aquello
en lo cual estamos esforzándonos por entrar. Pablo,
orando por los cristianos de su día pide que: “el Dios
de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os de
espíritu de sabiduría y de revelación en el
conocimiento de El, siendo iluminados los ojos de
vuestro entendimiento, para que conozcáis cuál es la
esperanza de Su llamado, cuales son las riquezas de la
gloria de Su herencia en los santos” (Ef.1:17, 18).
Qué riquezas! Qué gloria puede ser nuestra herencia!
Si solamente pudiéramos ver tan solo una pequeña parte
de esta realidad espiritual, abandonaríamos todo lo
demás y correríamos sin impedimentos tras El.
Hermanos y hermanas, podemos ser la novia de Cristo!
Podemos ser transformados para ser como El de modo que
podamos entrar en una unión matrimonial con El. De un
grado de gloria a otro grado de gloria tenemos la
posibilidad incomparable de entrar y tomar posesión de
esta buena tierra. Podemos llegar a ser “hueso de Su
hueso” y “carne de Su carne”, espíritu de Su espíritu,
vida de Su Vida, naturaleza de Su naturaleza divina.
Podemos y llegaremos a ser tal como El es. “Pero
sabemos que cuando el sea revelado, seremos como El
Porque le veremos como El es. Y todo aquel que tiene
esta esperanza en El se purifica a sí mismo, como El
es puro” (1 Jn.3:2,3).
Qué hay de usted? Está teniendo un goce anticipado de
esta experiencia hoy? Su enfoque y deleite está en
Jesús o está usted buscando satisfacción en placeres y
experiencias terrenales? Su corazón, su alma, su mente
y su fuerza están dedicados totalmente a vivir en
intimidad amorosa con Jesús? Quizás sería bueno que
todos nosotros nos detengamos un momento aquí y
contemplemos estas cosas. Como hemos estado viendo,
nuestra relación con nuestro Dios es el factor más
importante en nuestras vidas. Nuestra relación de amor
con El es lo que nos llevará a toda la madurez
espiritual que necesitamos para obtener todas las
“recompensas” espirituales que vendrán. Comparado con
esto, todo lo demás es solo una sombra vacía. Hoy es
el día para arrepentirnos sino estamos viviendo
completamente para El. Hoy es el tiempo de oír Su voz
y volver a nuestro primer amor. Después que Jesús
venga, no habrá otra ocasión. No habrá una segunda
oportunidad. Dios nos está llamando, está extendiendo
Su misericordia y gracia hoy a cualquiera y a todo
aquel que responda. Ninguno es demasiado débil.
Ninguno es incapaz. Su poder está disponible a
cualquiera y todo aquel que está dispuesto a oír Su
voz y entregarse completamente a El. Hoy es el día de
salvación. La invitación ha sido dada. “El espíritu y
la esposa dicen ‘Ven!’ Y el que oiga diga, ‘Ven!’ Y el
que tenga sed, venga. Y el que quiera, que beba del
agua de la vida gratuitamente” (Ap.22:17). Esta es la
maravillosa oferta de Dios. Si la descuidamos, seremos
los más insensatos de todos los hombres. En la Nueva
Jerusalén, no hay necesidad de ninguna luz. El Dios
invisible está allí iluminándolo todo con Su gloria.
Esta luz está siendo sostenida y exhibida por la
“lámpara” que es el Cordero de Dios (Ap. 21:23). La
Santa Ciudad entonces funciona como una gran
exhibición del carácter de Dios y Sus obras, a través
de las cuales esta luz irradia. Todos los creyentes
transformados simbolizados por las muchas piedras
preciosas que componen el “muro” de la ciudad, se
habrán convertido en un tipo de exhibición ante el
universo. El multifacético carácter de Dios se verá a
través de la personalidad de cada uno. Las
maravillosas obras de Dios que El ha hecho en las
vidas de todos “los justos hechos perfectos” (Heb.
12:23) estarán disponibles para que cualquiera las
vea. El inimaginable amor, misericordia y gracia de
Dios se exhibirá. La Biblia nos enseña que “la mujer
es la gloria del hombre”, o sea de su esposo (1 Cor.
11:7). Por lo tanto, esta gloriosa “mujer”, la esposa
de Cristo, servirá como una expresión amplia y
celestial de todo lo que Cristo es y ha sido para
aquellos que son parte de ella. Por cierto, “El vendrá
para ser glorificado en Sus santos, y admirado en
todos aquellos que creen” (2 Tes. 1:10) un día habrá
una boda gloriosa y celestial. Estará usted allí?
Estará usted preparado para tomar parte en ella? Los
sabios de corazón se prepararán. Pagarán cualquier
precio que sea necesario para estar en ella. Estarán
allí cuando la “voz de una gran multitud, como el
estruendo de muchas aguas y como el sonido de
poderosos truenos” anuncie “porque han llegado las
Bodas del Cordero, y Su esposa se ha preparado (Ap.19:6,7).

Al Principio

Capítulo 15

TABLA DE CONTENIDO

1-     El amor de Dios

2-     La oferta de la Vida

3-     Los dos árboles

4-     Las dos naturalezas

5-     La Sentencia de Muerte

6-     La Salvación del Alma

7-     El Tribunal de Cristo

8-     Montañas y Valles

9-     La Sangre del Pacto

10- Dividiendo el Alma y el Espíritu (1)

11- Dividiendo el Alma y el Espíritu (2)

12- Por Gracia a través de la Fe

13- La Imagen del Invisible

14- La Esperanza de Gloria