A Grain of Wheat Ministries

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De Gloria En Gloria
LA SALVACIÓN DEL ALMA

por David W. Dyer

UNA PUBLICACIÓN DE “A GRAIN OF WHEAT” MINISTRIES

(MINISTERIOS “UN GRANO DE TRIGO”)


 
TABLA DE CONTENIDO
 

1-     El amor de Dios

2-     La oferta de la Vida

3-     Los dos árboles

4-     Las dos naturalezas

5-     La Sentencia de Muerte

6-     La Salvación del Alma

7-     El Tribunal de Cristo

8-     Montañas y Valles

9-     La Sangre del Pacto

10- Dividiendo el Alma y el Espíritu (1)

11- Dividiendo el Alma y el Espíritu (2)

12- Por Gracia a través de la Fe

13- La Imagen del Invisible

14- La Esperanza de Gloria

CAPITULO 2

LA OFERTA DE LA VIDA

En los albores del mundo actual, nuestro Dios formó un ser similar a Sí mismo para Sus propios y santos propósitos. El más importante entre estos propósitos, como lo consideramos en el capítulo uno, es que Él está buscando una esposa. Dios está en el proceso de crear para Sí mismo una compañera  íntima y eterna. El hombre, objeto de la atención y el afecto de Dios, es aquel que fue formado para cumplir este maravilloso plan. Sin embargo recordemos aquí que en el universo de Dios, sólo criaturas que son similares pueden casarse. Tal intimidad  sólo está permitida entre seres de la misma especie. Por lo tanto, para que los deseos de Dios se realicen, el hombre debe ser apto para participar en esta unión. Así que vemos cuidadosamente a nuestro primer antepasado con estos pensamientos en mente, algunas deficiencias serias se hacen aparentes. Adán, aún antes de la caída, no estaba calificado para cumplir las intenciones de Dios. Aunque se asemejaba a Dios de muchas maneras, también era claro, que no tenía exactamente el mismo tipo de naturaleza  que Dios. Así que meditamos sobre este asunto, un problema que se hace evidente es que Dios y el hombre no tenían la misma clase de vida. Por lo tanto, no podían ser considerados como el mismo tipo de ser. Aunque la vida que Adán y Eva poseían fue inicialmente buena y sin fin, todavía era sólo una variedad humana creada. En contraste con esto, la vida de su Hacedor era de un tipo increado y sobrenatural.  Dios y el hombre eran obviamente de diferente especie.

Sus “vidas”  estaban en un plano completamente diferente. Una era simplemente humana y la otra era divina. Una era una  forma inferior de vida, atada a la tierra por un cuerpo físico, mientras la otra es Espíritu y llena el universo. No solo la vida del hombre no alcanzaba a ser igual a la de Dios, Él no estaba ni siquiera en segundo lugar. Las Escrituras nos enseñan que el hombre fue hecho  aún inferior a los ángeles (Heb. 2:9). Estas consideraciones nos ofrecen suficiente evidencia para hacernos dar cuenta que un matrimonio entre ellos no era posible.  De este análisis, llegamos a la conclusión que el hombre tal como fue creado no estaba preparado para ocupar la posición prevista para Él. Por tanto, es lógico suponer que teniendo nuestro Hacedor  este glorioso plan en mente, tuviera también alguna forma de cumplirlo. Debe haber hecho alguna provisión para que el hombre cambie.

En alguna parte en el plan de Dios, debe haber habido una forma preparada para que el hombre llegue a ser algo diferente de lo que era para cumplir estas intenciones santas. Y por supuesto que la había. Dios en Su infinita sabiduría había provisto todo lo necesario. No debe sorprendernos que la primera sugerencia de la existencia de tal plan también se manifestó en el Jardín del Edén.

Cuando leemos la narración del Génesis, entre los muchos aspectos del jardín, se mencionan dos árboles particulares el “árbol de la vida” y el “árbol del conocimiento del bien y del mal” (Gn. 2:9). No tenemos que avanzar mucho en la lectura para descubrir que estos dos son mucho más simples árboles. El efecto devastador que tuvo sobre la raza humana el comer del árbol equivocado parece ser evidencia más que suficiente de este hecho. Se les había ofrecido libremente todo otro árbol del huerto como comida, pero este árbol en particular había quedado estrictamente prohibido. Su fruto era tan destructivo, tan devastador, que probar un pedazo del él alteró para siempre el curso de la historia humana. Ahora, en vista de todo esto, parece razonable suponer que el otro árbol, el árbol de vida, también contenía fruto de gran consecuencia. Si el “árbol de muerte” tuvo tal efecto poderoso, qué hubiera ocurrido si Adán y Eva hubieran probado del árbol de la vida? Podría ser que un bocado de este otro fruto hubiera cambiado a estos dos, de otra manera igualmente dramática? Creo que usted se dará cuenta, así que proseguimos, que éste es el caso.

¿Cuál es entonces el significado de este árbol de vida? Qué es lo que Adán y Eva perdieron al desobedecer a su Hacedor. Quizás la mejor forma de descubrir esto es examinar el resto de la Escritura y ver si podemos encontrar allí algunos datos. Así que leemos Génesis capítulo 3 aprendemos que este árbol les hubiera impartido una variedad de vida que ellos aún no poseían. Esta verdad se muestra claramente en la declaración que Dios hizo cuando ellos fueron sacados del Huerto. Él dijo: “Para evitar que ellos también tomen del árbol de vida, y coman, y vivan para siempre” (Gn. 3:22). Aquí también nos damos cuenta que Adán y Eva nunca antes habían comido de este árbol.  Aún cuando estaba disponible para ellos, nunca habían tomado la oportunidad de probarlo. Si lo hubieran hecho así, ellos hubieran ya poseído este nuevo tipo de vida. De hecho, es posible que si primero hubieran probado este fruto, ellos hubieran tenido la fuerza y sabiduría para evitar el otro para siempre.

Como hemos visto, el árbol que contenía esta vida estaba “en medio del huerto” (Gn.2: 9). Tome en cuenta que esto no era la selva del Edén, sino un huerto lo cual significa que fue diseñado por Alguien. Y este Diseñador colocó al árbol de vida en el medio como el mismo objeto central de Su diseño. Ciertamente esto nos indica que es la comunicación de esta vida, la que está en el mismo centro de todas las intenciones de Dios en lo concerniente al hombre. Es en realidad el vehículo mismo a través del cual tiene la intención de transformar al hombre de lo que era cuando fue creado, en lo que Dios desea que se convierta. Ya que esta vida es tan importante para nosotros y para Dios, haciendo posible que nosotros cumplamos Su plan original, parece crucial que nosotros aprendamos tanto como podamos a cerca de esto. Cada uno de los cristianos debiera entender completamente la meta hacia la cual Dios está obrando y también el medio que está usando para alcanzarla. Por tanto  tomemos un poco de tiempo para investigar exactamente lo que significa esta “vida”.

DE ETERNIDAD A ETERNIDAD

La Escritura dice en el Salmo 90 verso 2 “Desde la eternidad hasta la eternidad tu eres Dios”(JDV). Si tomásemos un momento y pensáramos proyectándonos al pasado hasta donde nuestra imaginación nos llevara, antes que cualquier cosa fuera creada- Dios estaba allí. Y nuevamente, si proyectamos nuestros pensamientos al futuro hasta donde podamos imaginar, a un tiempo cuando este mundo se haya disuelto y cosas nuevas hayan sido creadas- Dios aún estará allí. Por lo tanto, Dios es siempre-existente. Es un Ser que nunca tuvo comienzo y nunca tendrá fin. El tipo de vida que Dios posee es increado. No comenzó en ningún punto particular en el tiempo. La vida de Dios por lo tanto se describe como “eterna”.Es “AIONION” en el idioma original griego, que significa “abarcando las edades”. Su vida está tan llena de vitalidad, tan siempre-viviente, que aún el paso del tiempo no la disminuye. Es una vida sin origen o deterioro, sin tiempo de nacimiento o época de muerte, inmutable, incorruptible e inmortal. Esta pequeña reflexión  nos lleva, entonces, al verdadero significado bíblico de la palabra “eterno”. Simplemente significa sin comienzo y sin final, y describe la misma vida de Dios.

En las Escrituras leemos: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a Su Hijo unigénito para que todo aquel que cree en El no se pierda, sino que tenga vida eterna (AIONION)”,(Jn.3:16). Gloria al Señor que aquellos que han creído en Jesús no están más “separados de la vida de Dios”(Ef.4:18) sino que han sido traídos a una relación – una relación filial con el Padre. Esta relación se inició mediante el engendramiento de Dios. No somos solo hijos “adoptivos” de Dios, sino que nosotros, seres humanos, hemos nacido realmente de la misma vida de Dios. Hemos sido “re-engendrados*....a una esperanza viva” (1P.1:13)!  Hemos “renacido, no de simiente corruptible, sino de incorruptible” (1P.1:23)- (Ver también:  Jn. 1:13; 3:3-8; 1Jn. 2:29; 3:9; 4:7; 5:1,4,18).

Qué cosa indecible Dios ha hecho por nosotros pequeños e insignificantes seres humanos! Como progenitores, padres y madres, engendramos hijos e hijas pasándoles nuestra vida. Cuando engendramos y concebimos niños transmitimos a otros la vida humana que Dios nos ha dado. De la misma manera Dios ha decidido en Su gloriosa e inconmensurable misericordia y bondad, dar a hombres finitos Su propia vida incorruptible, eterna, sin comienzo ni final. Este es verdaderamente un gran amor que Dios tiene por este mundo. Ningún regalo podría ser más grande. Nada en el universo es más precioso, más digno de tenerse, más inescrutablemente grande, que la vida de Dios. Tenemos la oportunidad de llegar a ser partícipes de todo lo que Dios es. El ha impartido Su vida a los hombres y está llamándolos mediante esta vida a elevarse por sobre lo que nacieron para ser como seres humanos y crecer en todo lo que El es. Qué glorioso llamado por cierto!

Desafortunadamente, esta gran verdad, que Dios está ahora impartiendo Su propia vida a los hombres, ha sido en alguna forma oscurecida para nosotros por la traducción de las palabras del original griego a nuestro propio idioma. Los griegos fueron evidentemente muy expresivos en lo concerniente a la idea de la “vida” y tenían muchas diferentes palabras para ella, mientras que en el Inglés** tenemos solo una palabra. Esto entonces frecuentemente confunde el verdadero significado de las palabras del Nuevo Testamento. Para nuestro propósito aquí, estaremos
[*Nota del traductor:  En la versión Reina Valera de la Biblia esta palabra se traduce como “renacer” la cual no conlleva la idea de re-engendramiento que contiene la palabra en el original griego.
**El autor se refiere al inglés, porque ese es el idioma en el que escribe el libro.]
enfocando tres palabras en el Nuevo Testamento que son traducidas por una palabra del Inglés* “vida”. Aún cuando estas tres palabras se traducen por una palabra inglesa*, ellas tienen significados independientes y claros. A menos que hagamos una clara distinción entre ellas podemos quedar ignorantes de una revelación indescriptiblemente esencial.

La primera palabra que se traduce como “vida”, en nuestras versiones es “BIOS”, la cual se refiere a nuestra vida en este mundo físico. Esta es la palabra de la que proviene la palabra “biología” e incluye conceptos tales como nuestra subsistencia, la duración de nuestra vida física y nuestra conducta moral. La segunda palabra que se traduce como “vida” en Inglés*, es “SIQUE”. Esta palabra ha sido traducida como “alma” y también como “vida” y quizás en algunos casos pudo haberse traducido como “vida anímica” para darle un significado más preciso. A través de todo el Nuevo Testamento esta palabra representa la constitución sicológica o la vida anímica que el hombre posee. Es esta “vida” la que incluye nuestro pensamiento, nuestros sentimientos y los procesos mediante los cuales hacemos decisiones. Y es mediante esta vida que los hombres no-regenerados viven en este mundo.

ZOE AIONION

Sin embargo hay una tercera palabra griega, una palabra muy importante, que se traduce “vida”. Esta palabra es “ZOE”. Significa, de acuerdo al Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento W.E. Vine, “vida como Dios la tiene ”. Tratándose de “vida”, Dios realmente la tiene! En el Nuevo Testamento esta palabra “ZOE” se usa predominantemente para referirse a la vida misma de Dios. Esta palabra única y especial ha sido usada por los escritores del Nuevo Testamento cuando
[*Nota del  traductor: El autor se refiere a la palabra inglesa y al inglés, porque ese es el idioma en el que escribe el libro.]
fueron inspirados por Dios, para referirse a Su propia vida incorruptible, sin origen, sin tiempo, sin final.  Por tanto, cuando la Biblia habla de la nueva vida que Dios nos da a través de Jesús, es esta palabra “ZOE” la que se usa, en lugar de “BIOS” o “SIQUE”. La frase “vida eterna” entonces se expresa en el idioma griego como “AIONION ZOE” y significa “una vida que abarca las edades”. Esta “AIONION ZOE”, que abarca las edades, que nunca comienza, que nunca se interrumpe, que nunca cesa, esta vida de Dios es lo que Jesús vino a traer.

Hermanos y hermanas, hemos recibido un regalo indescriptible. Dios nos ha dado más de lo que podríamos pedir o imaginar.  Nosotros seres humanos frágiles, que existimos en un cuerpo que decae, viviendo en un mundo que colapsa y se cae a pedazos en muchas diferentes formas, hemos heredado lo más maravilloso. El Dios del universo nos ha traído a Su corazón y ha decido impartirnos una nueva vida-una sustancia de vida incorruptible, inmutable que es imposible de aniquilar. Jesucristo se levantó de los muertos porque no era posible que la vida que El poseía pudiera ser retenida por la muerte (Hch.2:24). También nosotros, habiendo sido hechos hijos de Dios a través del nuevo nacimiento, hemos sido hechos partícipes de una vida sobre la cual la muerte no tiene poder. Jesús dijo que cualquiera que cree en El nunca perecerá sino que ha “pasado de muerte a vida (ZOE)” (Jn.5:24).

Esta es una verdad esencial. La dificultad que muchos creyentes tienen de llevar una vida verdaderamente espiritual puede remontarse a este punto precisamente.  Todos nosotros sabemos que Jesucristo vino a traernos vida. Pero de qué clase? Si no se hace distinción entre estas tres palabras griegas es posible que algunos piensen que “la vida abundante” (Jn.10:10) significa  tener mucho dinero, muchos lujos, o llenar su vida de placeres materiales y físicos (BIOS). Otros pueden imaginarse que la “vida abundante” significa estar felices o satisfechos con nuestra existencia terrenal (SIQUE). Muchos de aquellos que se desvían de esta  manera terminan cayendo en serios errores o pecados. Mal interpretando los propósitos de Dios y fallando en discernir la variedad de vida que Jesús vino a dar, ellos se han apartado para seguir otra “vida”- Una vida anímica o una vida mundana- una vida que pronto descubriremos que Jesús vino a condenar.

PERDURABLE O ETERNA?

Otro concepto equivocado común en la iglesia hoy es que la vida “eterna” es simplemente una extensión o prolongación de la vida con la cual nacimos. Esta comprensión errónea quizás ha sido sustentada en parte por el uso de la palabra “perdurable” en el texto.  “Perdurable” es una traducción incorrecta de la palabra “AIONION”. En muchas traducciones inglesas* las palabras “perdurable” y “eterna” se usan de manera intercambiable. Esto ha sido causa de gran confusión ya que hay una diferencia importante en su significado en el idioma inglés*. Bíblicamente hablando, la palabra “eterno” significa “sin comienzo” así como “sin final”, mientras que la palabra “perdurable” solo indica “sin final”. Así podría aplicarse a una criatura que naciera en algún punto en el tiempo y luego durara por siempre y para siempre.  Consecuentemente, es facil que alguno leyendo acerca de la vida “perdurable” suponga que se refiere a su propia vida continuando perpetuamente. Como hemos estado viendo, éste definitivamente no es el caso.  Para terminar con este error, simplemente recordemos que en la Biblia, cuando leemos acerca de la “vida perdurable” lo que realmente quiere decir es “vida eterna”, esto es, la increada vida de Dios.
[*Ver nota anterior del traductor.]

Todo aquel que cree en Jesús, ha recibido la vida misma de Dios. Y es esta vida la que es el instrumento de Dios para cambiarnos de lo que somos a todo lo que Él planeó que fuéramos. Es esta vida la que cambiará nuestra naturaleza para ser como la Suya. Tal como en el comienzo, cuando nuestro Padre Celestial puso delante del hombre la fuente de Su propia vida, así hoy día Él la ha puesto al alcance de todos a través de Su propio Hijo. La Escritura claramente nos enseña que “el que tiene al Hijo, tiene (ZOE) la Vida” (1Jn.5:12).

Aquellos que son sabios aprovecharán esta vida, se llenarán de ella y así obtendrán todos los beneficios de ella. Aquellos que son necios la descuidarán como hicieron nuestros antepasados y eventualmente sufrirán las consecuencias. La vida de Dios que Él nos ha dado es absolutamente crucial para nuestro caminar espiritual. Es esta vida la que es la fuente de todo lo que Dios está haciendo dentro nuestro.

Espero que esté perfectamente claro aquí que aquello que Jesús puso a nuestra disposición por medio de Su muerte, no fue un nuevo lugar donde vivir el resto de nuestras vidas o sea el cielo. Ni tampoco nos trajo una extensión de la vida con que nacimos. El vino a darnos una Vida que era totalmente diferente de cualquiera que hubiéramos conocido previamente.  Jesucristo vino a impartir a los hombres la vida misma de Dios, eterna e increada. El vino con la intención de darnos la misma vida, esencia y naturaleza de todo lo que Dios el Padre es. Lo que Jesucristo ha traído a la tierra para los hombres es la sustancia  más preciosa! No hay nada en el universo que se le compare. La vida que El vino a darnos nunca comenzó y por definición nunca puede terminar. Nosotros hemos llegado a ser partícipes de la vida de Dios. ¡Aleluya!  Ahora, esas son realmente buenas noticias.

Después que Adán y Eva pecaron fueron sacados del Jardín y el camino al Jardín del Edén - la avenida hacia el árbol de la vida—quedó bloqueada por un querubín que sostenía una espada flamígera . El modo original, el camino que Dios inicialmente quería que el hombre tomara, ahora estaba interrumpido.  Cualquiera que quisiese entrar allí, sería muerto. El juicio de Dios, simbolizado por el querubín con la espada encendida, ahora estaba entre el hombre y la vida sobrenatural. Lo que una vez se ofrecía gratuitamente, ahora era cuidadosamente custodiado y así al hombre pecaminoso se le prohibía  participar.  Ahora el hombre, en vez de tener el favor de Dios, estaba bajo Su juicio. La felicidad que alguna vez esta primera pareja gozó y la comunión con Dios que les era tan familiar, de pronto desapareció. Las elecciones que estos dos habían hecho no quedaron sin sus consecuencias . Al parecer el diablo había ganado una victoria y los propósitos eternos de Dios habían sido frustrados. El hombre a quien el Señor creó a Su propia imagen y semejanza, con la intención que ellos se convirtieran en Su santa esposa, se había mas bien contaminado por el pecado y descalificado para participar de Su propia vida.

Pero quizás el diablo no entendió la profundidad del amor de Dios por Su esposa. Quizás no llegó a captar los extremos a los que llegaría para lograr Sus propósitos.

La intención original de Dios permanecía sin cambio.  El deseo de Su corazón de compartir Su vida con los seres humanos continuaba con la misma intensidad.  Estas criaturas singulares, las únicas en todo el universo que llevan la imagen y semejanza del eterno Dios, había caído. Sin embargo todavía Dios anhelaba que ellos fueran traídos nuevamente a tener comunión con El mismo y que ellos nuevamente estuvieran en posición de participar de todo lo que El había planeado para ellos. Su insondable amor por la humanidad no había disminuido. Su plan inicial de crear hombres y ofrecerles Su propia vida todavía ardía dentro de Su corazón. Dios, en Su infinita sabiduría y conforme a Su propósito eterno, había preparado otro camino, un “camino nuevo y vivo”, de retorno a Él (Heb.10:20).

EL PLAN DE REDENCIÓN

Ya que la rebelión del hombre demandaba la pena de muerte e impedía el camino a la vida, Dios, para cumplir Su plan, tenía que encontrar un sustituto. A través de su imponderable  presciencia, El encontró una persona inocente, que estaba dispuesta a gustar la muerte en nuestro lugar-Su propio Hijo. En Su carne Jesucristo hizo expiación por la rebelión y pecado del hombre. En Su propia persona llevó nuestros pecados en la cruz, quitándolos de en medio. Jesús nos ha reconciliado con Dios. A través de Cristo hemos vuelto a tener relación con el Padre. Por la obra del Hijo, el derramamiento de Su sangre, tenemos ahora acceso a Dios. Nuevamente, el camino a la Vida misma ha sido abierto. Que cosa infinitamente preciosa ha hecho Jesús por nosotros, pecadores indignos, trayéndonos de vuelta a Dios y haciendo posible que nosotros participemos de Su vida eterna, increada!

Tome en cuenta que Dios no podría dar Su vida a hombres impíos. El no pondría Su vida Santa y sin pecado en recipientes contaminados. El pecado había estorbado los propósitos de Dios. Era imposible que El permitiera que Su vida se mezclara con la injusticia en el hombre. De modo que antes de impartir una sustancia de tal pureza, el receptáculo tenía que ser purificado. La sangre de Jesucristo derramada en el Calvario ha provisto precisamente tal limpieza. La inocencia y pureza de la vida que fue llevada ahí a los ojos de Dios, a expiado nuestra inmundicia. Allí, de manera sobrenatural, que es difícil entender para nosotros, Dios pasó por alto nuestro pecado y quitó los obstáculos que estaban en el  camino.

Cuando el tiempo fue correcto Dios envió a Su propio Hijo  a rescatarnos. El lo sacrificó, permitiendo que fuera torturado, ridiculizado y muerto. El juicio que estaba reservado para nosotros cayó sobre el Cordero.  Con Su muerte en la Cruz, el requisito santo de Dios fue satisfecho y el querubín del juicio con la espada flamígera fue quitado del camino. Una vez más el camino al árbol de la vida fue abierto y la invitación dada.

No solo Jesús nos abrió el camino a la vida, sino que también El  fue la manifestación de esta vida. Cuando Jesucristo vino a esta tierra vino como vaso que contenía la vida de Dios. Leemos en las escrituras:
“En El estaba (ZOE) la vida; y la vida era la luz de los hombres” (Jn. 1:4). Otra vez leemos: “Porque la (ZOE) vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os mostramos esa vida eterna, que estaba  con el Padre y se nos manifestó” (1Jn.1:2).  Parte de la misión de Jesús fue hacer conocer a la humanidad todo lo que el Padre estaba ofreciendo. El fue la declaración total de los pensamientos e intenciones de Dios. La vida de Dios que de alguna manera se manifestó oscuramente en el huerto en la forma de un árbol, ahora ha sido exhibida plenamente.  Jesús mismo proclamó esto. El invitó a la gente a venir a El y comer, a venir a El y beber (Jn.6:54). El explicó que El era el “pan de vida” (Jn.6:48), y “el camino , la verdad y la vida” (Jn. 14:6).En cierta ocasión aún instruyó a Sus seguidores a comer Su carne para obtener esta vida, haciendo que muchos de ellos se sintieran ofendidos (Jn.6:53). Pero esto no debe inquietarnos. Aquí El estaba simplemente proclamando que lo que sea que hubiera estado disponible en el huerto en la forma de un árbol, ahora estaba siendo ofrecido a través de El. A través de Su Hijo Dios estaba haciendo otra vez este ofrecimiento de vida.  Hoy día tal como en los días de nuestros primeros padres hay una elección que cada ser humano tiene que hacer. Cómo estamos respondiendo a ello?

EL CRECIMIENTO ESPIRITUAL ES ESENCIAL

Una vez que hemos nacido de lo alto, esto es solo el comienzo de la vida cristiana. Aunque es maravilloso recibir nueva vida de Dios, esto es solo el primer paso de un proceso de crecimiento en el Señor que durará toda la vida. Es solo la introducción a “perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2Cor. 7:1). No solo necesitamos recibir esta nueva vida, sino también necesitamos que esta vida crezca en nosotros hasta la plena madurez. La Biblia enseña que , después de nacer en un pesebre, “Jesús crecía en sabiduría y en estatura” (Lc.2:52) . De la misma manera nosotros también debemos crecer espiritualmente hasta que la expresión de Dios a través de nosotros sea completa.

Nosotros como cristianos debemos librarnos de la noción errónea que una vez que recibimos a Jesús esto es la consumación de la experiencia espiritual.  Recibir la vida de Dios a través del Espíritu es solo el comienzo. Tal como el nacimiento de un bebé es solo el primer evento de la totalidad de su vida, así también cuando nacemos del Espíritu, esto es solo el paso inicial de una vida llena de crecimiento en el conocimiento de Dios. La intención del Padre es que estemos diariamente comiendo, bebiendo, y mediante esto creciendo en todo lo que Cristo vino a traer-todo lo cual nos es gratuitamente derramado en el Espíritu Santo. La vida de Dios, el elemento más precioso y valioso en el universo entero está abundantemente disponible para cada creyente ahora mismo, hoy día. A través de su Espíritu podemos continuamente participar de AIONIAN ZOE. Por todas partes la Escritura habla de tal crecimiento. Efesios 4:14, 15 nos urge a “crecer en El en todas las cosas” recomendando que no seamos más bebés que son fácilmente echados de una parte a otra. I Juan capítulo 2 habla de diferente etapas del crecimiento espiritual, niños, jóvenes y padres. Ciertamente es fácil ver entonces que la madurez no es instantánea sino que toma tiempo y atención. Esto también es parte esencial de nuestra experiencia cristiana. Quedarse como un bebé no es suficiente. El crecimiento espiritual esopcional sólo para los necios. Nosotros debemos continuamente buscar al Señor y nutrir nuestra vida que nos ha sido dada de modo que pueda crecer a la madurez. Por todas partes en la naturaleza notamos que todos los tipos de vida deben crecer. Por ejemplo, aún cuando todo un roble está contenido dentro de una bellota, toma tiempo y nutrimiento para que ese árbol llegue a su plena estatura. De la misma manera, aún cuando la vida que recibimos de Dios está completa, toma tiempo y atención para que llegue a la plena madurez.

Si vamos a ser utilizables hijos de Dios, manifestando Su vida y naturaleza al mundo en forma poderosa, debemos también crecer a Su plenitud (Ef. 4:15) Los bebés son maravillosos pero no son muy útiles. En lugar de ser capaces de ayudar y contribuir al bienestar de la familia ellos mismos requieren nuestro tiempo y atención. Yo confío que Dios ama grandemente a todos Sus bebés, pero también estoy firmemente convencido que El está buscando hijos que han crecido a la madurez para cumplir Sus propósitos en la tierra.  Demasiados cristianos suponen que nacer de nuevo es el final, lo último. Se imaginan que después de la regeneración lo único que queda es acumular “recompensas”  en el cielo. Cuán lejos de la realidad es esto. Crecer a la plena madurez espiritual es la única forma en que podemos ser realmente útiles en el reino de Dios. Es importante notar que este crecimiento no ocurre automáticamente. Dios no  nos fuerza a hacer las cosas a Su modo.

En su gracia El nos permite a todos elegir. Tal como nosotros tuvimos que elegir recibir Su vida para nacer otra vez, de la misma manera diariamente debemos elegir ser llenos de Su vida. Ninguna otra persona puede hacerte crecer. A menos que nos propongamos de corazón buscar la presencia del Señor cada día y pasar tiempo en íntima comunión con El, creceremos muy poco . Si elegimos desperdiciar nuestro tiempo buscando nuestros propios intereses, de seguro que la somnolencia espiritual nos invadirá. El crecimiento en la vida de Dios está disponible para todos, pero solo se realiza en aquellos que eligen concientemente buscarlo. Los que hacen esta elección se beneficiarán grandemente no sólo en este mundo sino también en el venidero. Una vez más, como lo fue nuestro padre Adán, la elección depende de nosotros. Nos corresponde hacerla cada día. Escogeremos conforme al deseo de Dios y participaremos de aquello que nos ofrece gratuitamente? O, como los primeros hombres descuidaremos lo que tan generosamente ha sido provisto y seguiremos nuestro propio camino? Esta no es una consideración pequeña o insignificante. Es muy fácil llegar a preocuparse por las cosas que nos rodean y las bendiciones externas que Dios nos ha dado y así descuidar lo mas importante de todo. Estas elecciones diarias tienen consecuencias eternas. El favor inmerecido y la misericordia de Dios no deben ser tomados con ligereza o tenidos en poco. Que el Señor nos conceda misericordia para que participemos de Su vida continuamente.

En los capítulos siguientes de este escrito vamos a estar viendo muchos aspectos diferentes de lo que Dios está haciendo en y a través de Su pueblo. Sin embargo, para hacerlo así apropiadamente, debemos primero estar firmemente enraizados en esta comprensión fundamental:  La vida eterna no es nuestra vida durando para siempre ni es simplemente un tipo de seguros contra incendios que garantiza que no pasaremos la eternidad en el lago de fuego. Recibir la vida eterna es nada menos que recibir la vida misma de Dios- la increada vida de Dios!

Es a través de esta vida que Dios está trayendo muchos hijos a la gloria. Sin duda, Dios tiene intenciones muy serias en lo concerniente a la impartición de Su vida. El no ha hecho Su obra indiscriminadamente. De modo que si vamos a cumplir con Sus requisitos, debemos guardar cuidadosamente el “buen depósito que nos fue encomendado” (2 Tim.1:14)


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Capítulo 3