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De Gloria En Gloria
LA SALVACIÓN DEL ALMA

por David W. Dyer

TABLA DE CONTENIDO
 

1-     El amor de Dios

2-     La oferta de la Vida

3-     Los dos árboles

4-     Las dos naturalezas

5-     La Sentencia de Muerte

6-     La Salvación del Alma

7-     El Tribunal de Cristo

8-     Montañas y Valles

9-     La Sangre del Pacto

10- Dividiendo el Alma y el Espíritu (1)

11- Dividiendo el Alma y el Espíritu (2)

12- Por Gracia a través de la Fe

13- La Imagen del Invisible

14- La Esperanza de Gloria


CAPITULO 4

LAS DOS NATURALEZAS
 
 
Lo que hemos estado viendo en los capítulos previos de este libro es que desde el comienzo, Dios tuvo un plan maravilloso para el hombre. Su más profundo deseo fue crear un ser similar a Sí mismo que pudiera llegar a ser Su esposa. Nuestro Dios no estaba contento de estar solo para siempre sino que formó a la raza humana con la capacidad de recibir su propia vida eterna. Estando llenos de Su vida, los hombres podrían entonces llegar a estar calificados para entrar en esta indeciblemente santa unión con El mismo. Este es entonces el asunto central en el universo hoy. La comunicación de la vida divina y el cambio de la humanidad en lo que necesita ser para cumplir el plan Sobrenatural, está en el centro de todo lo que está ocurriendo en los mundos espiritual y físico. No comprender esta revelación tan básica nos impedirá seriamente nuestro caminar con Jesús y nuestro trabajar unidos con El para llevar a cabo Su voluntad en la tierra.
Mucha gente supone que cuando la obra de Dios en nosotros esté concluida, habremos “retornado al Edén”. En otras palabras,  creen que Dios está tratando de hacernos volver al estado original en el que Adán y Eva se encontraban en el huerto. Esto,  suponen, sería el punto culminante en la santidad. Sin embargo esta no es la verdad. Así que examinamos estas criaturas originales que Dios hizo, descubrimos algunas serias deficiencias. En su estado original, ellos jamás podrían cumplir el plan de Dios. En primer lugar, como hemos visto en los capítulos anteriores, ellos no tenían en sí la vida de Dios. Esto entonces los descalificaba de poder entrar en una unión matrimonial con El. Luego en segundo lugar, vemos que no tenían una naturaleza santa como la Suya.
Sí, Adán y Eva no tenían pecado. Muchos eruditos de la Biblia describen su primer estado como “inocente”. Pero como vemos, inocencia y ausencia de pecado no son lo mismo que santidad. Dios es supremamente santo. Esta es la esencia de Su naturaleza. Y porque El es santo, leemos que El “no puede ser tentado por el mal” (Stgo.1:13). El pecado no le interesa. No hay nada, repito, nada en Su ser santo que esté en lo más mínimo interesado en el pecado. De hecho El lo odia! Por otro lado, cuando Adán y Eva fueron tentados, que ocurrió? Cayeron, y cayeron rápidamente. Ustedes ven, el no tener pecado, su estado de inocencia, no pudo con el diablo. No era lo mismo que la santidad de Dios.
De modo que entonces si la humanidad va a entrar en una unión matrimonial con el Altísimo algunos cambios necesitan efectuarse en su ser. Primero debe recibir la vida divina, y en segundo lugar debe tener una naturaleza santa. Nuestro Dios dice: “Sed santos, porque Yo soy santo” (1P.1:16). Además leemos a cerca de “santidad, sin la cual ningún hombre verá al Señor” (Heb. 12:14).
Algunos en círculos cristianos hoy quisieran saltarse por completo el asunto de la santidad. Ellos afirmarían que nacer de nuevo es suficiente y que la verdadera justicia* es algo que solo obtendremos más adelante, después que muramos. Un poco de mejoramiento está bien con ellos pero una seria liberación de todo pecado es demasiado difícil e impráctico. “Después de todo”, dicen “a quien conoces que es realmente santo? “A otros les gustaría relegar la santidad a algo que solo existe en la mente de Dios. Suponen que ya somos santos porque Dios nos mira como santos. Realmente no necesitamos ser santos* porque los requisitos de Dios ya están satisfechos por Jesús, por lo tanto la santidad no es realmente un requisito. Estas ideas traen a colación muchos asuntos que por falta de espacio no los trato aquí pero los trataré en un capítulo subsiguiente titulado “la Sangre del Pacto”.
Sea suficiente decir aquí, que así que leemos con honestidad el Nuevo Testamento nos encontramos con santidad real. Los apóstoles eran gente santa. Los creyentes del Nuevo Testamento eran constantemente urgidos a purificarse, a abstenerse de pecado, a evitar la tentación y los placeres sensuales. Aquí en la Biblia leemos a cerca de una santidad  (justicia) que era “realista”. Era visible. La gente podía verla exhibida en los discípulos! No era algo etéreo un tipo de santidad existente solo en sueños sino era algo que emanaba de las vidas de los seguidores de Jesús. No estoy diciendo que ellos eran todos perfectos, pero la mayoría de ellos
*Nota del traductor
La palabra “righteousness” puede traducirse como “justicia” o como “santidad”.
 
 
ciertamente no estaban llenando sus vidas de permisividades carnales y pecado y excusándose a sí mismos diciendo que Dios los consideraba justos. Estos discípulos eran amorosos, pacientes, generosos, perdonadores, gente que odiaba el pecado. No practicaban habitualmente el pecado. Y su ejemplo es para nosotros. La manera como vivían es la misma manera cómo debemos vivir en este presente mundo malo.
Esto entonces nos trae  al meollo del asunto. Cómo es esto posible? Cómo podemos nosotros seres humanos pecaminosos alguna vez ser santos? Cómo podríamos siquiera aproximarnos a la altura de ser tan santos como Dios?
Para comenzar debemos entender un principio muy importante. Cada vida tiene su propia naturaleza. Por ejemplo, un perro ladra porque tiene la vida del perro dentro de él. Está en la naturaleza de la vida del perro el ladrar. Un manzano produce manzanas porque está en la naturaleza de la vida del manzano el producir este tipo de fruto. Este es un principio inalterable en el universo que Dios ha hecho. Ustedes nunca van a ver perros cantando como pájaros o manzanos produciendo plátanos porque no está en la naturaleza de sus vidas el hacer tales cosas.
Del mismo modo los seres humanos pecan. Pertenece a la naturaleza de la vida caída que heredamos de Adán el pecar. Uno nunca tiene que enseñar a los niños a pecar. Viene muy naturalmente. Es un producto espontáneo de la vida que está en ellos. Conozco a una mujer cuya madre pensaba de otra manera. Ella pensaba que el pecado era algo que se aprendía de otros. De modo que cuando su hija era joven la resguardó de todas las influencias malas de afuera. Ella protegió a esta niña y la crió como una planta tierna, libre de todo estímulo que pudiera corromperla. Luego finalmente llegó el día para que esta niña “perfecta” fuera presentada al mundo. La madre llevó a su preciosa hija a visitar a otra niña pequeña en el vecindario. Bueno, no pasó mucho tiempo antes que se suscitara una discusión entre estas dos niñas y he aquí  a la niña“perfecta” se le vio golpeando a la otra niña en la cabeza con una muñeca!
El pecado es un producto de la vida caída que heredamos de nuestro padre Adán. Ahora permítanme ser muy claro en cuanto a esto. La gente no siempre peca cada minuto de cada día. Los manzanos no siempre producen manzanas, los perros no siempre ladran. Pero eventualmente lo harán. Es inevitable. Dele usted tiempo y la vida pecaminosa dentro de la raza humana siempre producirá fruto. No es posible que pudiendo seguir la inclinación de su naturaleza no lo haga.
Exactamente de la misma manera, la santidad es un producto espontáneo de la vida de Dios. Dios muestra santidad porque la Vida dentro de El es completamente justa y santa. El es perfectamente y puramente santo. No hay pecado que permanezca oculto en lo profundo de su ser. No tiene oscuridad dentro de él. Dios no está tratando de ser santo. El simplemente lo es. Además, nuestro Dios es el único ser en el universo que es así. Por lo tanto hay solo una forma de exhibir esta misma santidad. Debemos ser llenos de Su vida santa y sin pecado. Así es. La única forma de ser verdaderamente justo (santo) es tener la Vida Justa dentro de sí. Así que usted vive por esta vida usted expresa la naturaleza de esta vida. Así que esta vida perfecta se manifiesta a través de su persona, usted exhibirá una santidad maravillosa. Esta justicia no es “la suya propia” (Fil.3:9) aunque se ve en usted es realmente la justicia de Otro. Creo que este hecho importante debe repetirse. La única manera de ser santo es vivir por la vida de Dios. Cuando recibimos a Jesús, recibimos una vida increada, santa. Y cuando vivimos por esta otra vida que hemos recibido, manifestamos la naturaleza de esa nueva vida.
 
VIVIENDO POR EL PADRE
 
Jesús es un ejemplo de esto. No hay duda que El recibió una vida humana de Su madre, María. Pero también El recibió la vida divina de Dios. Nuestro maravilloso Salvador, consistentemente escogió vivir Su vida por la fuente más elevada. El dijo: “como el Padre viviente me envió y yo vivo por el Padre....” (Jn.6.57) Jesús tenía la Padre viviente dentro de El. Más aún, El “vivía por el Padre”. Esto significa que cada aspecto de Su vivir estaba dominado por la vida del Padre. Sus pensamientos, Sus sentimientos, Sus acciones, Sus reacciones aún las expresiones de Su rostro eran el producto de la vida sobrenatural por la cual estaba viviendo. Por lo tanto El era una expresión completa del Padre. En todo lo que El decía y hacía el Padre era manifestado. En otro lugar Jesús afirmó: “Las palabras que yo os hablo, no las hablo de Mí mismo sino que el Padre que vive en Mí, El hace las obras” (Jn.14:10) . Ustedes ven, Jesús no estaba “expresándose a Sí mismo.” El no estaba hablando sus propias palabras o aún haciendo Sus propias obras. El estaba en cada detalle Suyo, sujetándose a Su padre. La vida del Padre estaba fluyendo a través Suyo y la naturaleza del Padre brotaba abundantemente de El. Jesús era una manifestación perfecta y completa del Dios Todopoderoso.
De la misma manera exactamente, nosotros podemos vivir por Jesús. (Por favor no pase por alto esto. Esta debe ser una de las revelaciones más importantes de la Biblia.) Podemos ser motivados en cada aspecto de nuestro ser por una vida sobrenatural. Jesús explica: “Como el Padre viviente Me envió y Yo vivo por el Padre, así mismo el que Me come, él también vivirá por Mí.” (Jn.6:57) Esto es realmente emocionante. Podemos vivir por medio de otra Vida. En realidad podemos tener una Vida substituta animando cada aspecto de nuestro ser. Y esta vida es santa. Esta vida es pura. Esta vida no puede ser tentada por el pecado. Es en cada aspecto justa. Aleluya! Esta es una grande y maravillosa verdad. Nosotros meros seres humanos, nacidos en una raza pecaminosa, podemos renacer en otra. Podemos llegar a ser uno de los hijos de Dios. Podemos recibir la misma vida de Dios y entonces, viviendo por esa vida, expresar Su naturaleza santa al mundo. Esta es verdadera santidad. Esto no es algo que solamente existe en la mente de Dios. No es una justicia que es invisible. Esta clase de justicia es auténtica, práctica y realista. Es algo que la iglesia de nuestros días necesita desesperadamente.
Usted podría decir, esta es una maravillosa idea, pero cómo es que es posible, hay varios aspectos en esta pregunta que estaremos explorando en los capítulos restantes de este libro, pero el más importante está revelado aquí mismo en el versículo anterior. Jesús nos instruye a comerlo. Afirma que si lo comemos, seremos capaces de vivir por El. En otro lugar El declara que, “a menos que comamos la carne del Hijo del hombre y bebamos Su sangre” no tendremos Vida en nosotros (Jn.6:53). Esta palabra “vida” aquí, en el griego es ZOE, refiriéndose a la Vida de Dios, que hemos examinado en capítulos previos. De modo que vemos que comer y beber a Jesús es la clave para vivir por Su vida. Cuando nos llenamos de El, El es manifestado a través nuestro.
 
LA IMPORTANCIA DE LA COMUNION
 
Esto entonces nos lleva al asunto de la comunión. Tener “comunión” con alguien  significa tener íntimo compañerismo con ellos. Cuando tenemos intimidad con otra persona, nos reunimos, abrimos nuestros corazones y tenemos un intercambio íntimo de ideas, palabras y sentimientos. Este significado de la palabra “comunión” es muy bíblico. También en la iglesia hoy “tomamos” o tenemos comunión. Esto se refiere a la “reconstrucción” que hacemos de la cena del Señor donde participamos juntos comiendo el pan y bebiendo el vino. Lo que podemos entender de esto es que tener compañerismo íntimo con Jesús es el acto de comer y beber de El. Cuando venimos a Su presencia, abrimos nuestro corazón a El y tenemos un intercambio íntimo, estamos participando del cuerpo y la sangre de Jesús. Es tener comunión.
Tal comunión íntima en el espíritu es una parte esencial de la vida cristiana. Sin ella “no tenemos vida” en nosotros (Jn.6:53). (Si Usted. Se considera a sí mismo cristiano y no tiene idea de lo que significa la comunión con Dios, por favor, busque a alguien que camine en intimidad con Dios para que le ayude. No pase otro día sin tener intimidad con Dios.) El compañerismo con Dios es el corazón de una experiencia cristiana genuina. Es la raíz de todo nuestro caminar espiritual. Sin ser legalista, debo insistir que esta sea nuestra experiencia diaria.
Cómo podemos entrar en una comunión así con Dios? Para comenzar debemos experimentar un profundo y completo arrepentimiento. Debemos quitar de nuestras vidas todo lo que sabemos que es desagradable a Dios. Es imposible disfrutar de un íntimo compañerismo con Dios mientras estemos involucrados en algo que sabemos que a El le desagrada. Píenselo. Si Usted quiere pasar un tiempo agradable visitando a un amigo o pariente pero usted está haciendo algo que ellos desaprueban, no afectará esto su tiempo juntos? Ciertamente que sí. De la misma manera, cuando estamos involucrados en actividades o tenemos actitudes que contristan el corazón del Señor, esto limitará nuestra intimidad con El. Usted no puede tener dulce comunión con Jesús  y tener pecado conocido en su vida. Y sin esta comunión, nunca estará usted lleno de Su vida ni expresará Su naturaleza. La única alternativa entonces es esperar que El piense que usted es justo cuando usted sabe que no lo es. Personalmente, creo que debemos adecuar nuestras vidas para que se conformen a la palabra de Dios en lugar de buscar una doctrina que nos excuse para quedarnos como somos.
Luego, todos necesitamos una exhaustiva y completa consagración. Debemos ofrecer nuestro ser como un sacrificio vivo a Dios (Rom.12:1) Nuestro cuerpo, nuestra alma y nuestro espíritu deben ser de Dios. Nuestra mente, nuestras emociones y nuestra voluntad deben rendirse a Su control. Nuestras posesiones, nuestras esperanzas para el futuro, nuestros planes, nuestras familias, nuestras finanzas: todas estas cosas deben ser completamente y sin reserva ofrecidas sobre Su altar. A menos que estemos completamente dispuestos a obedecer a Jesús en todo aspecto de nuestras vidas, esto impedirá nuestra comunión con El. Creer en Jesús es una cosa, seguirlo donde quiera que vaya es otra. Para tener dulce comunión con Dios, debemos ser obedientes a Su voz. Debemos estar dispuestos a ir con El donde vaya. Verdaderamente Jesús ha dicho: “donde Yo estoy, allí también estará mi servidor” (Jn.12:26)
Todos los cristianos necesitan estar llenos del Espíritu Santo. Esta también debe ser nuestra experiencia, no solamente una doctrina. No tengo interés en debatir cuándo o cómo podemos ser llenos con el Espíritu Santo de Dios. Solo sé que es esencial y bíblico.  Además no veo cómo sea posible estar lleno del Dios del universo y no saberlo. Para ser llenos del Espíritu de Dios, necesitamos abrir nuestras vidas completamente a El. Nuestros corazones deben estar preparados y dispuestos para recibir lo que El quiera dar. Después de nuestro arrepentimiento y consagración, estamos entonces en condición de rendir nuestros corazones y abrirnos completamente. El nos llenará de Sí mismo. Dar el Espíritu Santo es una promesa de Dios. Búsquenlo y lo hallarán. Si hay algún impedimento, El se lo revelará si su corazón es sincero. Recuerde, Dios nunca impondrá Su presencia a nadie. Usted debe estar completamente preparado y dispuesto si va a recibir todo  lo que El tiene para dar.
 
 
 
COMIENDO LA PALABRA DE DIOS
 
 
Dios se revela en Su palabra. Aquí es entonces donde podemos ir para experimentar “comer” de El. Podemos alimentarnos de El en Su palabra. El profeta dice: “Tus palabras fueron halladas y yo las comí, y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mí corazón” (Jer.15:16).
Cuando abrimos nuestras biblias, al mismo tiempo debemos abrir nuestro corazón a El. Debemos buscarlo en Su palabra. Cuando usted lea su Biblia, no se preocupe tanto en tratar de entender todo. Mas bien, me gustaría recomendarle que buscará tener compañerismo con Dios en sus páginas. Permita que El le hable a usted. Ore a cerca de lo que El esté revelando. Relea los versículos y pasajes que el ilumine. Medite sobre lo que Dios le este revelando a cerca de Sí mismo. Tenga intimidad con El. De esta manera usted estará comiendo espiritualmente. Esto hará que usted crezca y sea lleno de la Vida Divina. Cuando este comer espiritual se convierta en su hábito diario, usted comenzara realmente a vivir por El (Jn.6:57). Entonces usted comenzará a expresar espontáneamente la naturaleza de de Dios al mundo.
Cuando yo era un cristiano nuevo, leía la Biblia bastante. Era un libro nuevo y vivo para mí. Pero así que el tiempo avanzaba yo quería entenderlo todo, especialmente la profecía y el libro del Apocalipsis. Pronto estaba leyendo la Biblia con la intención de entender las cosas. Quería entender las bestias, los cuernos, las tres ranas y todo el resto de esta fascinante revelación. Continuando de esta manera por un tiempo comencé a notar un problema. Este santo libro el cual anteriormente había sido tan vivo y refrescante se volvió un tanto árido y mi entusiasmo por leerlo declinó gradualmente. Esto me hizo clamar a Dios. Cuál era el problema?  Por qué mi tiempo con Su palabra era tan insatisfactorio? En respuesta a mi oración. Dios me guió a un versículo que decía: “En El estaba la vida y la vida era la luz de los hombres” (Jn.1:4). Por él me dí cuenta que es la vida Divina la que produce iluminación. Tratar de entender la Biblia no produjo vida. Pero el llenarme de Dios a través de la comunión con El no solo era satisfactorio sino que a través de ella El me revelaba las cosas de Su palabra.
 
 
BEBIENDO EL ESPIRITU DE DIOS
 
 
Dios también es derramado a nosotros a través de Su Espíritu. No sólo podemos comer de Su palabra sino también podemos beber a satisfacción de Su Espíritu. Todo lo que tenemos que hacer es abrir nuestro corazón  y permitirle derramarse a Sí mismo en nosotros. Todo lo que El es, está disponible a nosotros abundantemente a través del Espíritu. Me gusta mucho el hecho de que Dios ha derramado Su Espíritu. No lo ha dado por gotas. No es dado escasamente. “Derramar” implica el vaciar todo. No lo da sin disposición, un poco a la vez. Esto quiere decir que podemos tener todo lo que queremos. Si hay alguna deficiencia en nuestro beber no es de parte de Dios. Su voluntad es que nosotros participemos tanto y  tan frecuentemente como lo deseemos.  
Podemos beber del Espíritu de Dios en oración. Cuando venimos a Su presencia así que tenemos compañerismo con El, podemos beber de todo lo que El es. Orar en el Espíritu Santo es una maravillosa oportunidad para participar de la comunión con Dios. Es esos momentos trate de permitir al Espíritu Santo guiar sus oraciones. No solo ore a cerca de sus problemas. Qué le parecería tener un amigo o amiga que solo hablara de sus problemas todo el tiempo? Permita al Espíritu de Dios llenarle y guiarle en estos tiempos de intercesión y compañerismo. Cuando esté en la presencia de Dios, no hable solo usted (Ec. 5:1).De hecho, es mejor escuchar más. Su Padre amante tiene mucho que revelar a aquellos que tienen un corazón dispuesto y receptivo.
También nuestros tiempos de adoración son una oportunidad par abrirnos ampliamente y beber. No solamente en público sino en nuestros tiempos privados con Jesús, podemos beber de Su Espíritu a través de nuestra adoración. Cuando adoramos, es importante que nos humillemos delante de Dios. “Adoración” y “orgullo” son opuestos. En nuestro mundo actual encontramos muy poco de esa actitud de postrarnos ante otro y adorarlo. Sin embargo Dios es digno de tal alabanza. Cuando venimos delante de El con un corazón abierto y humilde, la adoración espiritual se convierte en un tremendo gozo. De hecho no conozco placer más grande sobre la tierra que el entrar profundamente en una experiencia de adoración delante del trono de Dios. Esto también es beber del Espíritu del Señor. Comer y beber de Jesús en el Espíritu nos llenará de Su vida. Y el estar llenos de Su vida nos hará manifestar Su naturaleza. La verdadera santidad y justicia son un producto de la vida sobrenatural de Dios. Esta verdaderamente es una cosa maravillosa que nosotros seres humanos podamos ser animados por la vida de Otro. Podemos dejar que una vida más alta tome control de nuestra mente, nuestras emociones y nuestras decisiones. Nosotros, que nacimos como meros seres mortales, inferiores aún a los ángeles, podemos recibir una Vida increada y realmente hacer que esta Vida viva a través nuestro. Jesús puede llenar nuestro Ser. Podemos convertirnos en vasos que contienen un gran tesoro. En lugar de expresarnos a nosotros mismos y a nuestra naturaleza caída, podemos permitir que Jesús se revele a Sí mismo a través nuestro al mundo. Podemos verdaderamente “vivir por” El (Jn.6:57). Nuestra responsabilidad por lo tanto es llenarnos de esta vida. La verdadera comunión es una necesidad absoluta en la vida cristiana.
La vida Divina manifiesta la naturaleza divina. No puede ocurrir ni ocurrirá jamás de ninguna otra manera. Sólo la vida de Dios verdaderamente manifiesta Su naturaleza. Obedecer la ley del Antiguo Testamento y los mandamientos no pueden llegar nunca a esta misma meta. La razón de esto es que estas ordenanzas externas son “débiles” (Rom.8:3) porque operan a través de la carne. Obedecer la ley requiere la operación de su propia voluntad y determinación. Requiere sus propios esfuerzos. Involucra que usted viva por su propia vida. Mientras una persona muy fuerte puede ser capaz de llegar a cierta semejanza de “cumplimento legal” y por lo tanto a una justicia externa, esto no satisface los verdaderos requerimientos de Dios. Leemos que “por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de El” (Rom.3:20). Por qué no? Es porque el cumplimento legal no penetra el corazón del hombre. No puede cambiar su verdadera naturaleza. Solo la substitución, o el “intercambio” de nuestra vida por la Suya puede efectuar los cambios que El verdaderamente desea.
 
 
IMITANDO A DIOS?
 
 
 
Lo mejor que podemos hacer con nuestros propios esfuerzos es llegar a un tipo de imitación de Dios. Pero quién quiere una imitación? Por cierto que Dios no! El dice que la justicia que podemos lograr con nuestros propios esfuerzos le parece a El como trapos inmundos (Is. 64:6). En este contexto recuerdo una figura que vi. una vez en una revista de un chimpancé vestido como un hombre. Tenía puesto un sombrero, el saco de un terno y aún una corbata. Estaba fumando un gran cigarro. Ahora, aún cuando estaba vestido como un hombre, todos podían  ver que era solo un chimpancé. De la misma manera, muchos creyentes están esforzándose mucho por actuar como Dios. Tienen una cierta norma de vestido. Se arreglan el cabello de una manera especial. Tienen una gran variedad de cosas que hacen y no hacen para tratar de parecer santos, tal como Dios. Pero cualquiera con ojos espirituales puede ver que esto es solo cristianismo chimpancé. Es una imitación de lo real. Es sólo un ser humano tratando de vestirse y actuar como Dios. Cuan tonto es esto.
No solo se aplica esta verdad al guardar la ley sino también se aplica para vivir por los principios del “Nuevo Testamento”. Mientras que muchos cristianos entienden que guardar la ley nunca puede satisfacer a Dios, en lugar de esto están tratando de vivir su vida siguiendo toda una serie de principios del Nuevo Testamento. Han estudiado el libro de principio a fin y de él han sintetizado toda una serie de cosas que hacer y no hacer, de obligaciones y no obligaciones. De hecho hay maestros de Biblia yendo de una parte a otra del país, si no del mundo, propagando exactamente este tipo de cristianismo. Ellos creen que no están
“guardando la ley” pero han encontrado una nueva forma de agradar a Dios, esto es, siguiendo principios del Nuevo Testamento. Desafortunadamente, este método nunca alcanzará el nivel requerido por Dios tampoco. Esto también  opera solo a través de los esfuerzos de la carne. Es también cristianismo chimpancé. Nuestro Dios solo está satisfecho con Su Hijo. El es Aquel con quien el Padre está complacido (Mt.17:5). Es solo cuando El ve a Su Hijo siendo manifestado a través nuestro que El esta contento con lo que ve. Solo la vida de Dios manifiesta Su naturaleza.
Estos últimos años ah habido una campaña llamada “Que haría Jesús?”  “De acuerdo a este método, se nos insta en cada situación, antes de actuar o hablar, detenernos y tratar de figurarnos lo que Jesús haría. Luego se nos instruye a tratar de actuar como El lo haría. El hecho de que la gente quiera expresar a Jesús es encomiable. No quiero ser demasiado negativo. Pero la verdad es que este método no puede nunca aproximarse al santo requerimiento de Dios. En primer lugar cómo podríamos siquiera saber lo que Jesús diría o haría en una situación dada? Es verdad que tenemos el Nuevo Testamento donde podemos leer a cerca de muchas cosas que Jesús dijo e hizo. Sin embargo, una cosa que descubrimos allí es que muchas veces Jesús era impredecible. Lo que decía y hacía era muy inesperado. Es imposible que nosotros anticipemos o imitemos Sus palabras y acciones. La segunda cosa que aprendemos es que El dijo e hizo todo viviendo por el Padre. Lo que desesperadamente necesitamos hoy no es una imitación de Dios sino una expresión de Dios. Lo que el mundo requiere es ver a Dios manifestándose a Si mismo a través nuestro. Esto solo puede lograrse cuando vivimos por medio de Otra Vida.
El Espíritu Santo que Dios nos ha dado no es simplemente un tipo de aditivo. Muchos cristianos parecen creer que mientras los judíos nunca pudieron guardar la ley, como lo evidencia la historia judía, los cristianos pueden, porque tienen un nuevo combustible en su tanque-el Espíritu Santo. Con este nuevo aditivo, ahora tienen el poder para hacer lo que los judíos nunca pudieron hacer sin él. Por favor, entienda usted esto claramente.
El Espíritu Santo no fue dado para energizar la carne o fortalecer la vida, natural, de modo que pudiera vivir como Dios. Esto esta lejos de la verdad. Mas bien, el “espíritu de vida (ZOE) en Cristo Jesús” (Rom.8:2), fue enviado como remplazo. La vida vieja que heredamos de Adán es defectuosa. No puede repararse. Ella puede pecar y lo hará en tanto esté activa. Ninguna cantidad  de corrección o supresión puede cambiar su naturaleza.
 
La naturaleza de la vieja vida es pecar. Debe ser remplazada. La buena noticia es que podemos recibir y vivir mediante otra Vida. Esta Vida siempre expresa la naturaleza Divina.
Algunos pueden entonces preguntar, para qué sirve la ley? Por qué tenemos escritos para nosotros tantos principios del Antiguo y el Nuevo Testamento? Dios nos ha dado su ley por una razón muy importante. Es para mostrarnos cuan lejos estamos de alcanzar su justicia. Es para darnos convicción de pecado. Cuando actuamos de una manera que no manifiesta a Dios, nos expondrá. La ley se aplica a “los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los homosexuales, para los secuestradores, para los mentirosos, para los perjuros”etc. (1 Tim. 1:9,10). Los niveles de Dios no han sido disminuidos. Simplemente porque “hemos muerto a la ley” (Rom.7:4), sólo porque hemos sido perdonados, no significa que hemos sido liberados de pecar.
No! El nivel de vida de Dios es aún más alto. Lo que estamos diciendo aquí es que el justo requerimiento de Dios no puede ser satisfecho jamás por la vieja vida obrando a través de la carne. No importa cuan bien intencionados, auto-controlados o determinados podamos ser. Solo la vida de Dios puede satisfacer Sus demandas. Solo El es verdaderamente santo.
La ley es un retrato de la santidad de Dios. Nos muestra, en una forma limitada, cuan puro El realmente es. Suponga que yo le pudiese mostrar un retrato de mi esposa. Usted podría ver el color de su cabello, sus ojos y su hermoso rostro. Pero supongamos aún más que yo pudiera traerla para que usted la conociera. Cuanto más que su retrato es ella. Ella se sentiría ofendida si usted continuara contemplando su retrato y no le pusiera atención a ella. Ella es el cumplimiento de su retrato. De la misma manera, Cristo es el cumplimiento de la ley. El no es menos santo. El no nos da permiso para pecar. Su intención es llenarnos de El mismo. El quiere vivir en nosotros y a través de nosotros de tal manera que la ley sea una mera sombra de la justicia que El mostrará a través de Su pueblo.
Queridos amigos, oro que nuestro Padre les dé una completa comprensión de estas cosas. Verdaderamente es un misterio.
Meras palabras nunca podrán transmitir la magnitud de esta revelación que es “Cristo en vosotros”, la esperanza de gloria (Col.1:27). Mi esperanza es que de alguna manera, a través de este escrito usted pueda ser estimulado a buscar más a Dios y que usted entre en una comunión íntima tal con El, que con el tiempo, usted pueda declarar como Pablo lo hizo: “ya no soy yo quien vive, sino que Cristo vive en mí (Gal.2:20)

Al Principio

Capítulo 5

TABLA DE CONTENIDO

1-     El amor de Dios

2-     La oferta de la Vida

3-     Los dos árboles

4-     Las dos naturalezas

5-     La Sentencia de Muerte

6-     La Salvación del Alma

7-     El Tribunal de Cristo

8-     Montañas y Valles

9-     La Sangre del Pacto

10- Dividiendo el Alma y el Espíritu (1)

11- Dividiendo el Alma y el Espíritu (2)

12- Por Gracia a través de la Fe

13- La Imagen del Invisible

14- La Esperanza de Gloria