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De Gloria En Gloria
LA SALVACIÓN DEL ALMA

por David W. Dyer


TABLA DE CONTENIDO

1-     El amor de Dios

2-     La oferta de la Vida

3-     Los dos árboles

4-     Las dos naturalezas

5-     La Sentencia de Muerte

6-     La Salvación del Alma

7-     El Tribunal de Cristo

8-     Montañas y Valles

9-     La Sangre del Pacto

10- Dividiendo el Alma y el Espíritu (1)

11- Dividiendo el Alma y el Espíritu (2)

12- Por Gracia a través de la Fe

13- La Imagen del Invisible

14- La Esperanza de Gloria


CAPITULO 8

 
MONTAÑAS Y VALLES
 
Hemos estado viendo en el capítulo precedente que la salvación del alma no es un evento, sino un proceso. Es una transformación que dura toda la vida la cual cada hijo de Dios necesita estar experimentando. Todos nosotros necesitamos crecer espiritualmente en lo que Dios tiene la intención  que seamos. Pero cómo está ocurriendo esto? Cómo podemos entender las diferentes cosas que están ocurriendo en nuestras vidas, tanto dentro de nosotros como en nuestro entorno? Por supuesto este crecimiento espiritual es un proceso  viviente. Es un producto de la Vida sobrenatural madurando dentro de nosotros. Es Cristo “siendo formado” en nuestro ser interior (Gal.4:19). Consecuentemente, es un misterio. Tal como realmente no entendemos “cómo crecen los huesos en el vientre de aquella que está en cinta (Ec.11:5) así también el crecimiento espiritual es un misterio. Simplemente no hay forma posible de explicar de una manera detallada y sistemática como ocurre. No es el resultado de seguir una serie de reglas previamente proyectadas o procedimientos, sino de la operación del Espíritu de Dios dentro de nosotros.

Aún cuando todo esto es verdad, hay unos pocos factores que podemos reconocer. Quizás podamos pensar en ellos como señales que debemos buscar, por así decirlo, las cuales nos pueden ayudar a identificar al menos parcialmente algunas de las cosas que nuestro Señor está logrando dentro de nosotros. Dios, a través de Su palabra, ha puesto delante de nosotros algunas de las cosas que El desea lograr en nuestro interior.


Juan el Bautista fue enviado por Dios para preparar a la gente de su tiempo para la venida del Mesías. El profetizaba acerca de Aquel que iba a venir. Como parte de este ministerio, citando al profeta Isaías, él declaró que era: “La voz de uno clamando en el desierto: Preparen el camino del Señor, hagan Sus senderos rectos. Todo valle será rellenado y toda montaña y colina bajada; y los lugares torcidos serán enderezados y los caminos ásperos allanados; y toda carne verá la salvación de Dios” (Lc.3:4-6). Esta es una palabra profética maravillosa acerca de la salvación del alma. Aquí Juan está haciendo referencia a algunas cosas muy importantes que Dios desea hacer dentro de cada uno de nosotros. En nuestra alma, cuando aún no ha sido tocada por Dios, tenemos muchos diferentes puntos de fortaleza y debilidades. Tenemos “áreas” de nuestra vida en las que nos sentimos fuertes y capaces, y otras en las que no tenemos mucha confianza. También, “regiones”emocionales o psicológicas que están torcidas o inhabilitadas por varias experiencias en la vida. Para que Jesús se manifieste a través de nosotros, todas estas cosas deben ser cambiadas. El debe transformar nuestro ser interior de tal manera que El pueda fácilmente y libremente fluir a través de nosotros y revelarse al mundo. En nuestro interior debemos llegar a ser una “calzada” para el Rey, un medio para que El se exprese a Si mismo sin estorbos o una mezcla confusa de ego y Su realidad.


Por ejemplo, todos tienen sus propias “montañas”. Sin tomar en cuenta cuan débiles o desvalidos nos podamos sentir, cada uno de nosotros tenemos nuestras propias áreas de fuerza. Recuerdo, hace algunos años, mi esposa y yo estábamos aconsejando a una mujer joven que parecía no tener ninguna fortaleza de carácter en absoluto. Era completamente pasiva y no hacía nada. Aparentemente, no podía hacer nada por sí misma y actuaba muy parecido a un vegetal humano. Llegamos a saber que cuando era una persona joven, sus padres habían hecho todo por ella. Nunca había hecho una decisión por sí misma. Ella había sido “llevada” a través de la vida por otros. De modo que cuando dejó el hogar para asistir a la universidad, ella simplemente quedó mentalmente quebrantada. Sin ayuda, simplemente no podía sobrevivir. Pero al tratar de ayudarla, descubrimos algo muy interesante. A pesar de esta aparente debilidad, ella por cierto tenía una gran fuerza. Ella era muy pero muy testaruda. Cuando no quería hacer algo, nada podía moverla. Cuando tratábamos de animarla a actuar en cierta forma, su tremenda testarudez se hacía evidente. Esta era una gran montaña en su vida.


Todos los seres humanos tienen estas “montañas” o lugares altos. Todos tienen algunas áreas de fuerza. Pueden ser muy capaces, muy inteligentes, muy aptos para intercambiar y controlar a otra gente. Ellos pueden ser muy buenos para organizar cosas, pueden tener talento para la música o la oratoria. Simplemente pueden tener una voluntad muy fuerte y ser capaces de llenar cualquier requisito. Algunas personas son especialmente talentosas y tienen bastantes de tales habilidades. Otros quizás son menos “dotados”. Pero toda alma que Dios creó tiene al menos algunas montañas o puntos fuertes en su vida.


Como hemos estado viendo, este Jesús que vive dentro de nosotros quiere también vivir a través de nosotros. El desea expresarse a través de nuestro ser. Sin embargo, estas áreas en las cuales somos tan fuertes y capaces presentan un problema. En estas “partes” de nuestra personalidad, El tiene mucha dificultad expresándose porque ya hay otra vida usando activamente estas facultades. Ya que somos tan capaces en estas áreas, por qué necesitaríamos someternos a Su dirección y control? Sin mucho esfuerzo, somos capaces de hablar y actuar en estas áreas de la vida. No estoy diciendo que estamos rebelándonos intencionalmente o tratando de hacer algo contra la voluntad de Dios. De hecho, con mucha frecuencia, cuando estamos actuando en nuestras áreas de fuerza,creemos estar haciendo la voluntad de Dios. Estamos tratando de “vivir para El”.


En Filipenses capítulo 3, Pablo hace toda una lista de quién y qué era él antes  que se encontrase con Jesucristo. Evidentemente, él era un varón judío muy capaz, bien criado y educado. Sin embargo, después de describir todas estas fortalezas y ventajas dice que “las cosas que eran ganancia para mí, las he contado como pérdida por Cristo”. (Fil. 3:7). En el Reino de Dios, estas cosas no tenían valor para él. Al contrario, eran un estorbo- una pérdida-porque eran partes de su carácter a través de las cuales Dios no podía moverse y expresarse libremente.


Son estas “montañas”, estas partes fuertes de nuestra alma las que necesitan ser derribadas. Estos lugares altos necesitan ser bajados y allanados. En tanto seamos capaces de vivir y actuar nosotros mismos, no tenemos necesidad de depender completamente de Jesús. Puede ser que tengamos la intención de dejarle expresarse. Puede ser que queramos ser obedientes. Es solo que nuestra propia vida es tan fuerte en estas áreas que ni siquiera nos damos cuenta cuándo somos nosotros y no El que estamos expresando. Por lo tanto, Dios debe hacer un trabajo de quebrantamiento en cada uno de Sus hijos. El debe obrar para quebrar nuestra confianza en nosotros mismos, nuestra ambición de trabajar para El, nuestro confiar en nuestras propias habilidades y nuestra dependencia de nuestra propia fuerza, de modo que no mas podamos hacer y ser para Dios, sino que solo podamos actuar o hablar cuando El nos esté motivando. Solo así podemos llegar a ser una “calzada”  para el Rey.


A aquellos que son muy orgullosos, Dios debe humillar. El trabajará continuamente en sus vidas para exponer sus verdaderas debilidades de varias maneras. Pude permitir que ellos caigan (Dn.11:35). Puede hacer que sus obras valiosas para El, se desintegren. Puede aún tener que exponer sus pecados a otros para humillarlos. El descargará golpe tras golpe a su orgullo, hasta que quede hecho polvo. Solo después llegarán a ser vasos útiles para Su servicio. Verdaderamente, “Dios resiste a los orgullosos” (Sgto.4:6).


A aquellos que son muy capaces, Dios puede permitirles fracasar. Una y otra vez, el arreglará las circunstancias de modo que no puedan lograr sus objetivos. Vez tras vez El los frustrará. Esto es especialmente cierto en su trabajo para El. Intentan una cosa, pero no resulta. Se vuelven a hacer otra, solo para que se haga pedazos en sus manos. Frecuentemente tales creyentes llegan a descorazonarse y amargarse. Piensan que Dios los ha abandonado. Después de todo, piensan ellos, han estado tratando de servir a Dios con todo su corazón. Dónde está la bendición? Donde está el amor de Dios? Dónde está la poderosa mano de Dios? La poderosa mano de Dios esta por cierto siendo manifestada delante de sus propios ojos, pero no la pueden ver. Esta trabajando para quebrantar su propia fuerza y capacidades. Esta obrando para destruir su propia fuerza y capacidades. Esta obrando para destruir su propia auto confianza. En realidad, esta es la cosa más amorosa que Dios podría hacer por ellos.


La Palabra de Dios dice: “Humillaos bajo la poderosa mano de Dios para que los exalte en el tiempo apropiado” (1P. 5:6). Y cuando será este “tiempo apropiado”? Cuándo podrá Dios finalmente usarnos de alguna manera más grande? Será cuando nuestra propia fuerza, nuestras propias habilidades y capacidades y nuestra propia confianza no sea más. Será cuando las montañas de nuestra personalidad fuerte se hayan convertido en llanuras. Será cuando hayamos muerto a nosotros mismos, a nuestras ambiciones y a nuestros planes. Será cuando Jesús solo esté siendo manifestado a través de nosotros.


Una vez mientras estaba ministrando a las multitudes, Jesús pidió a sus discípulos darles algo de comer. Obviamente, El ya sabía que tenían muy poco, solo cinco panes y dos peces. Pero El estaba tratando de ilustrar una verdad para ellos, el sabía también que como hombres naturales, tenían poco que ofrecer a la gente. De modo que El tomó lo que ellos tenían en sus manos. Allí El lo bendijo y luego lo partió en pedazos. Después, era suficiente para dar de comer a muchos. Así también en nuestras propias vidas. Lo que tenemos como seres humanos naturalespuede parecer bueno desde nuestro propio punto de vista. Pero hasta que seamos partidos por Sus manos, seremos de poca utilidad.


Al comienzo de nuestro caminar cristiano, puede parecer que tenemos éxito, para solo encontrar más tarde muchas frustraciones. Al principio cuando Pablo se convirtió, inmediatamente estuvo en las sinagogas debatiendo con los líderes judíos y causando toda una conmoción. El “confundía a los judíos…demostrando que Jesús era el Cristo” (Hch.9:22). Más tarde, él “disputaba con los griegos” hasta que ellos trataron de matarlo (Hch.9:29). Sin embargo, poco después, como que desaparece de la “escena cristiana”. Pero dónde estaba? El estaba en Tarso, Damasco y Arabia (Gal.1:17). No sabemos exactamente por qué fue a estos lugares o cuanto tiempo estuvo allí, pero una cosa es clara. Cuando él aparece nuevamente en el registro bíblico, no está más debatiendo y disputando, sino ministrando a Cristo. En lugar de trabajar para Dios, ha aprendido ha dejar que Dios trabaje a través de El. Poco después su nombre cambia de “Saulo” el natural, apasionado, religioso, a Pablo, el apóstol, aquel que es usado por Dios.


Cuantos de Sus hijos han desarrollado multitudes de seguidores y grandiosos ministerios solo para caer más tarde en algún tipo de pecado y causar daño a  la reputación de Cristo. Cuantos han efectuado “poderosas obras para Dios” solo para deshonrarlo más adelante. Esto es porque nunca fueron quebrantados. Las “montañas” de su fuerza personal nunca fueron allanadas. Y así continuaron adelante, usando su propia ambición, energía y esfuerzos para trabajar por Jesús hasta que su fuerza humana falló. Consecuentemente, llegaron a ser presa fácil para el diablo. Verdaderamente, es la amorosa mano de nuestro Padre Celestial la que no nos permite tener éxito por nuestra cuenta. Es una demostración de Su gran amor por nosotros que El nos prevenga de lo que queremos y nos discipline severamente. Solo de esta manera podremos eventualmente convertirnos en vasos de honor para Su santo nombre.

 
LOS VALLES

No solo todos tenemos áreas de fuerza natural y capacidad, sino también tenemos áreas de debilidad y decaimiento. Estos son los valles de nuestras vidas. Estas son las situaciones donde no tenemos auto confianza. No tenemos grandes habilidades ni seguridad. Quizás estamos llenos de temor y así evitamos a toda costa situaciones que nos pongan en una posición de tener que hacer o decir algo que nos haga sentir incómodos. Quizás tenemos temor de ser rechazados, de modo que no hablamos a otros de Cristo. Posiblemente, nos sentimos inadecuados, por lo tanto no hacemos nada para alcanzar y ayudar a otros. Nuestra timidez nos lleva a no reprender o exhortar a otros que necesitan de este ministerio. Nuestra falta de confianza nos lleva a quedarnos en casa y “dejar que otros hagan el trabajo”. Aún hay algunos que glorifican su timidez en sus propias mentes, clasificándola como “humildad” en lugar de lo que realmente es – temor.


Queridos amigos, este tipo de actividad tampoco glorifica a Jesús. Cuando estamos llenos de temor y por lo tanto de resistencia a hacer, decir o ser un número de cosas, esto limita severamente el que nuestro Señor se exprese a través de nosotros. El no se puede mover libremente por la “calzada” de nuestro ser porque encuentra la resistencia de nuestras debilidades humanas. Cuando El desea hablar a través de nosotros, nos retraemos. Cuando El desea actuar nos resistimos. Los valles de nuestras inseguridades y timidez crean obstáculos en Su camino. La multifacética plenitud de Su personalidad no puede ser expresada. Por lo tanto, para ser transformados, debemos rellenar estos valles. Debemos de experimentar la salvación de Dios en estas áreas de nuestra vida.


Una gran parte de nuestra transformación en estas áreas requiere fe. Para actuar y hablar cuando nos sentimos inadecuados, se necesita fe en Dios. Debemos confiar que cuando El nos está guiando a hacer o decir algo, el nos sustentará a través de cualquiera que sea el resultado. Debemos aprender a escuchar Su voz y luego obedecerle a través de la fe, confrontando cualquier temor y debilidad que podamos tener dentro de nosotros. Sin duda, nuestro Señor nos guiará a estas áreas una y otra vez. Tendremos que “caminar sobre el agua” una y otra vez. Se nos requerirá confrontar nuestros temores muchas, muchas veces. Debemos actuar en fe repetidas veces hasta que, para sorpresa nuestra, estas cosas ya no serán mas tan difíciles. Con el paso del tiempo encontraremos que lo que alguna vez fue imposible ahora es parte normal de nuestra vida. Cuando obedecemos a Jesús para decir o hacer según Su voluntad en áreas que nos hacen sentir incómodos, poco a poco estos valles son rellenados. Donde alguna vez no había nada más que debilidad, ahora hay fortaleza. El valle se ha convertido en llanura. Sin embargo, no somos “nosotros” quienes estamos siendo expresados. Es como dijo Juan el Bautista: “Uno más poderoso que yo” (Lc. 3:16).


En la práctica, son estas mismas áreas de temor y debilidad que el Señor puede usar para glorificarse a Sí mismo de las maneras más poderosas. Ya que en estas partes de nuestras vidas tenemos muy poca expresión del yo, Dios puede muy fácilmente llenarlas y usarlas. Cuando estamos dispuestos a confrontar nuestros temores en obediencia la Espíritu, Jesús puede manifestar Su naturaleza poderosamente. Jesús dice que Su “poder se hace prefecto en la debilidad” (2 Cor. 12:9). Es cuando no sabemos que hacer o que decir, que El puede llenarnos de Sus pensamientos y deseos. Es cuando somos totalmente incapaces, que Su virtud gloriosa puede mostrarse. Dios no requiere gente fuerte, confiada, talentosa, mas bien, El está buscando a aquellos que, a través de la fe, le permitan ser todo lo que El quiere ser a través de ellos. Ciertamente Pablo dijo: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor. 12:10). Dios usó las incompetencias de Pablo para manifestar Su poder.


Otro factor en esta experiencia de transformación es que debemos negarnos a nosotros mismos. Negarnos a nosotros mismos involucra no solo no hacer lo que queremos cuando sabemos que a Jesús le desagrada, sino también  hacer lo que no queremos cuando vemos que es Su voluntad. Cuantas veces la carne se resiste a entrar en áreas de debilidad, timidez o decaimiento. Cuan frecuentemente queremos ser llevados por sentimientos gratos y confianza en lugar de simple obediencia en fe. Frecuentemente, estamos esperando que Dios cambie “nuestra manera de sentir” antes de actuar o hablar mientras que El está esperando que nosotros obedezcamos de modo que El pueda cambiar nuestro modo de ser. “Sin fe es imposible agradar a Dios” (Heb. 11:6)


Nunca olvidaré cuando conocí a una hermana cristiana de mediana edad en Inglaterra. Había atravesado un divorcio o alguna otra experiencia traumática. Como resultado había quedado deprimida. Ella pasaba los días sin objetivo alguno. Asistiendo siempre a reuniones buscando algo de estímulo e inspiración. Se había convertido en una constante carga para otros con su aire triste y desalentado. Su esperanza era que le ocurriese algo tan bueno, tan completamente maravilloso que contrarrestase todos sus  sentimientos negativos y que comenzase  ha hacerle sentir bien de nuevo. Por supuesto, esto nunca ocurrió y nunca ocurrirá. La verdadera solución para ella fue negarse a sí misma. Necesitaba negarse el lujo de la auto-conmiseración. De hecho, ella necesitaba dejar completamente de pensar en sí misma. Necesitaba abrirse a Dios y comenzar a pensar en servir a otros. Su necesidad era tener como su meta  el hacer felices a otros y buscar su bienestar. De esta manera ella encontraría en el Señor una satisfacción y felicidad sobrenaturales que llenarían su depresión.

 
LOS LUGARES TORCIDOS

Hay personas que son naturalmente fuertes. Otras sufren de timidez y debilidad. Pero hay también aquellos cuyas vidas han sido torcidas por el enemigo. En algún punto en sus vidas, muy probablemente en su infancia, experimentaron algo devastador que dejó una herida emocional en su carácter. Para algunos, esto puede haber sido abuso sexual o violación. Para otros, pudo haber sido maltrato físico. Todavía otros fueron traumatizados sicológicamente por el continuo abuso verbal y /o la indiferencia. El divorcio de los padres con frecuencia causa este tipo de daño y desorden en la personalidad de los niños. Estas cosas y muchas otras, dejan a las personas que las han experimentado con un tipo de perspectiva “torcida” de la vida. Tiene profundas cicatrices emocionales. Cuando el transcurrir normal de la vida les pone en contacto con estas área profundas de sentimientos dañados, escapan o muestran otras reacciones peculiares. Evitan cualquier situación que les pueda recordar sus experiencias o hacérselas “vivir” de nuevo. Con frecuencia, sus esposos esposas u otros que los rodean no pueden entender por qué reaccionan a la vida como lo hacen. Estas son áreas torcidas, dañadas a través de las cuales Dios no se puede mover.


Tales individuos generalmente no quieren que Dios ni ningún otro hurguen en estas áreas interiores. Frecuentemente hay gran dolor asociado con cualquier cosa que haya causado esta distorsión sicológica, Por lo tanto, evitan cualquier intercambio personal que pudiera tocar estas áreas de dolor. Sus vidas manifiestan un tipo de conducta extraña, distorsionada. En lugar de reaccionar normalmente ante las situaciones de cada día con frecuencia ven en ellas peligros escondidos. De modo que, al menos en su interior, se encierran, volviéndose hacia su interior para esconderse detrás de alguna frágil barrera emocional que han levantado en sus mentes las cuales, ellos piensan, que les van a proteger de más dolor. Sin embargo, esto no funciona. Viendo estas reacciones peculiares, aquellos que los rodean, frecuentemente son estimulados a hacer o decir las mismas cosas que sirven para irritar la herida. Tratando de librarlos de estos extraños amaneramientos que exhiben, los dañan más.


La solución de Dios para estos dolores profundos es traerlos a la luz. Debemos abrir nuestras vidas a Jesús y “dejarle ver” lo que nos ha ocurrido. Debemos dejarle tocar y sanar nuestras heridas más profundas. Una vez más se requiere fe. Debemos saber y confiar que Dios nos ama completamente y sin reserva. Debemos creer que El nos tratará con la amabilidad más tierna. Debemos tener fe que Aquel que nos hizo sabe como curar nuestras heridas y así lo hará con el mínimo de sufrimiento. A menos que seamos capaces de abrirle completamente estas áreas de nuestras vidas, no podremos nunca experimentar Su sanidad. Es absolutamente imperativo que nosotros abramos cada “puerta” interior a El y le permitamos ver todo. Todo lo que ocurrió, todo lo que se nos dijo, todo nuestro dolor y lágrimas, debe ser puesto a Sus pies. De esta manera, el Gran Médico vendrá, pondrá sus manos sobre ti y te curará.


En algunos casos, los individuos emocionalmente heridos han enterrado su dolor tan profundamente que aún su propia mente ha “olvidado” lo que ha ocurrido. Ellos reprimen sus sentimientos tan severamente- convirtiéndose en paralíticos emocionales en el proceso- que borran completamente lo que ha ocurrido. Esto puede darse especialmente en casos de violación o abuso sexual de niños. Pero así que crecemos espiritualmente-así que crecemos en nuestra intimidad con Jesús-El puede y por cierto traerá estas cosas a la mente. El hará brillar Su luz sobre ellas. No quiero decir que debamos tratar de inventar cosas o imaginar que algo ocurrió cuando en realidad no fue así. Yo solo sé que en Su tiempo y a Su modo, El puede revelar memorias “olvidadas”, enterradas que están estorbando nuestro progreso espiritual. Y así, en Su luz, El puede sanar esta área, de modo que Su vida pueda fluir a través de nosotros en formas nuevas.


Un secreto para la sanidad emocional es el perdón. Jesús puede darnos un perdón genuino y profundo para aquellos que nos dañaron. Este es un factor extremadamente importante en Su proceso de sanidad. Cuando somos capaces de perdonar a otros, experimentamos una maravillosa liberación. A Su luz podemos ver cómo estas personas fueron solo juguetes en las manos del enemigo de Dios. Podemos entender cómo quizás ellos también sufrieron cosas similares y que ellos, viviendo y actuando en oscuridad simplemente fueron instrumentos del diablo. El perdón de Cristo puede inundar nuestra alma y liberar tanto a nosotros como a aquellos que nos maltrataron de la esclavitud de nuestros propios sentimientos. Este perdón sobrenatural abre el camino a la sanidad divina en nuestras almas.


Después de traer todo a la luz de Dios y luego perdonar a otros, hay todavía otro paso. Estos individuos torcidos y heridos deben abrir estas áreas de sus vidas para que Jesús las llene. Estos, como aquellos con valles de debilidad y temor, deben estar dispuestos en fe a entrar en estos territorios que alguna vez fueron solo dolor. Ellos deben, confiando en la protección de Jesús, actuar en obediencia para experimentarlo a El en lo que quizás alguna vez fue solo una “bocado” emocional. Ellos deben descartar sus frágiles barreras psicológicas de protección que han levantado, dejar de huir de intercambios emocionales íntimos y comenzar a dejar que Su vida llene estas áreas. Deben estar dispuestos a dejarle a El accionar y reaccionar, amar y ser amado a través de ellos. Soloarriesgándolo  todo y actuando en fe en estas áreas emocionales heridas puede uno ser librado y sanado completamente. Evitar tal apertura del alma solo servirá para causar más dolor a sí mismo y a otros.


A través del perdón y el toque sanador de Jesús, estas áreas dañadas de nuestras vidas entonces llegan a abrirse para que la Vida de Dios viva y se mueva a través de nosotros. Quizás esto tome algún tiempo, aún años, para abrirnos más y más a nuestro Sanador. Aquí no hay reglas. Cada vida es diferente y Jesús conoce lo que es mejor. Pero sin duda, con el tiempo y a través de la fe, podemos experimentar la nueva vida llenando aún estas áreas dañadas. Ellas también pueden ser usadas por nuestro Dios para manifestarse a Sí mismo. Los caminos torcidos pueden ser enderezados de modo que El pueda moverse a través de nosotros. Más aún, frecuentemente es a través de estas mismas áreas que fueron atacadas y dañadas por el diablo usando a otras personas, que podemos tener el más poderoso impacto. Estas partes de nuestras vidas, después que son sanadas y llenas de Dios, llegan a ser armas poderosas contra el malo quien había tratado de destruirnos. Ciertamente, “los cojos arrebatarán el botín” (Is. 33:23).

 
 
LOS CAMINOS ASPEROS
 
Cuando las personas vienen a Cristo, vienen, en palabras de un famoso himno, “tal como son”. Sin embargo, a veces, “como son” es un poco peculiar. Ahora, nosotros sabemos que somos “un pueblo peculiar” (1P.2:9) pero algunos cristianos son solo un poco más peculiares de lo necesario. Tienen rasgos de personalidad y amaneramientos que pueden ser divertidos o aún incómodos y francamente irritantes. Tienen hábitos que pueden molestar a otros o conductas que solo sirven para crear antagonismo tanto en el creyente como en el no creyente. Tienen sus pequeñas faltas. Obviamente, una conducta tal, estorba la plena y libre expresión de Cristo en sus vidas. Nuestra conducta extraña o hábitos inusuales no sirven para glorificar a Dios. Necesitan también ser cambiados.

Parte del trabajo del Espíritu Santo es iluminarnos. Cuando estemos abiertos a El, El nos mostrará si tenemos algunos de estos rasgos peculiares que no le dan honor. Como parte de esta iluminación, El puede aún usar a otros que nos conocen y aman más para impartir cierta corrección. Y así tenemos la maravillosa oportunidad de negarnos a nosotros mismos. Podemos experimentar la cruz de Cristo haciendo morir lo que somos y remplazándolo con lo que El es. Naturalmente, si nos amamos a nosotros mismos y apreciamos nuestras pequeñas peculiaridades, nunca experimentaremos la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Solo cuando nos veamos a nosotros mismos en su luz, revelando la necedad de lo que somos, podremos ser cambiados. Entonces así que nos arrepentimos por exhibir nuestra propia naturaleza carnal y nos abrimos a El por Su vida nueva, podemos ser librados de lo que somos. Así que le permitimos hacer toda Su obra en nosotros, podemos  llegar a ser una calzada para el Rey.


Mientras que comúnmente pensamos que nuestros comportamientos son “inocentes” y nuestros problemas son solo normales, en verdad hay más de lo que vemos en la superficie. Cualquier área no transformada de nuestras vidas puede ser y de hecho es usada por espíritus malignos y demonios para influenciarnos, controlarnos y movernos a hacer su voluntad. Esto es especialmente cierto de aquellos territorios mentales y emocionales donde han tenido éxito en causar algún daño y así han establecido un tipo de cabeza de playa* dentro de nosotros. Estos espíritus malignos usan a otras personas sobre las cuales tienen control para afectar nuestras vidas. Y así, habiendo causado daño, usan esta área herida para ejercer influencia sobre nosotros. Usando a estas otras personas, implantan en sus víctimas ciertos patrones de pensamiento. Les hacen ver a otros y al mundo que los rodea bajo una cierta luz.


Por ejemplo: Supongamos que estos demonios influyen en algún miembro de la familia para abusar sexualmente de una jovencita. Antes de este evento o esta serie de eventos, quizás ella era una chica espontánea, abierta, normal. Pero después, su visión de la vida cambia. Ahora ya no es más inocente. Ya no se siente más libre para hacer “chiquilladas” por temor a poder atraer la atención de algún hombre que le hiciera daño otra vez. Quizás ella se culpa así misma por actuar de forma que atraiga la atención masculina. Ella se retrae emocionalmente construyendo paredes emocionales y mentales para tratar de protegerse de que una cosa así ocurra de nuevo. Así los espíritus malignos han logrado establecer en ella una cabeza de playa, una base emocional donde pueden controlarla. Cuando quiera que los hombres se le aproximen, ella siempre tendrá una reacción extraña hacia ellos. Su reacción no será una respuesta normal a lo que digan o hagan, sino la reacción de un alma herida.


Entonces esta mujer tendrá muchas dificultades en sus futuras relaciones con hombres, principalmente con su esposo. Ella tendrá grandes dificultades para ser una mujer normal. Cualquier proposición que pueda hacer su esposo será interpretada probablemente a la luz de su pasado. Los espíritus malignos han logrado establecer dentro de ella una actitud, una forma de pensar- una serie de pensamientos. Estos pensamientos, cuando son activados por algo que su esposo hace, entonces producen una reacción de retraimiento y de cerrarse emocionalmente. Quizás su esposo, no entendiendo esta reacción peculiar, podría enojarse. Su enojo servirá más aún para herirla y empeorar su relación. Algunos hombres, sin temor de Dios o sin  entender el verdadero problema, llegan a frustrarse y, estimulados por demonios, tratan y satisfacen su frustración abusando de sus propias hijas. Así el terreno que tiene el enemigo es pasado de generación en generación.


Tenemos así el caso de un joven quien era con frecuencia golpeado severamente por su padre. Este abuso continuó por muchos años. De modo que, en la mente de este joven,  se ha formado una opinión de los hombres. No se puede confiar en ellos. El llega a estar lleno de temor, aún de paranoia. En el futuro, él tendrá mucha dificultad relacionándose con otros hombres. No puede confiar en ellos. No puede hacer amigos o abrir su corazón. Su mente ha sido programada para pensar en ciertas formas y sus reacciones son predecibles. Los espíritus malos han ganado cierta cantidad de terreno en él y luego usan este terreno para controlarlo a él. Quizás cuando este hombre reciba a Cristo, él quiera servirlo. Pero él tendrá grandes problemas relacionándose con otros hombres en el Cuerpo de Cristo. El será siempre suspicaz, herido y cerrado. Sin duda que el diablo arreglará la circunstancias para tratar continuamente de reforzar estas ideas. El resultado es aislamiento y división.

 
LA RENOVACION DE LA MENTE

Así vemos que los espíritus malignos trabajan para establecer patrones de pensamiento dentro de nuestras almas. Usando muchas y variadas técnicas implantan ciertas ideas o series de ideas en nuestras mentes que aceptamos como ciertas. Estas cadenas de pensamiento se relacionan con la vida y las relaciones con otros.

 
*Punto de control y avance que establece un ejército al lado del mar o río.
 
 
 Se conviertan en “verdades” para nosotros y así actuamos y reaccionamos a nuestro ambiente de acuerdo  a estos patrones de pensamiento.
Normalmente, asociados con estos pensamientos están ciertos “botones” que los espíritus malos presionan para activar estos pensamientos. Ellos han establecido en nuestras mentes ciertos detonantes que hacen a nuestras mentes ir por estas líneas pre-programadas. Estos botones son generalmente algo que otros dicen o hacen que es similar a las cosas que el enemigo usó en nuestras vidas para establecer estos patrones de pensamiento. Por lo tanto, reaccionamos, no a la verdad de la situación, sino a la versión de la verdad del diablo la cual él ha logrado implantar en nosotros. Frecuentemente la gente a nuestro derredor que suelen activar estos pensamientos, se sorprenden con nuestras reacciones. Esto es porque no estamos respondiendo a lo que en realidad está siendo dicho o hecho sino a una serie ya programada de pensamientos que ha sido activada.

Obviamente tales personas no son canales abiertos para el servicio a Dios. Es muy común ver creyentes quienes, aunque son usados por el Señor, también tienen áreas de sus vidas que están bajo el control de espíritus malignos. El resultado es que la expresión del Señor a través de ellos es limitada y frecuentemente contaminada por sus acciones y reacciones que están bajo la influencia del enemigo. No estoy diciendo que esta gente esté “poseída” por demonios. Es solamente que sus patrones de pensamiento, establecidos por el enemigo a través de sus experiencias, los abren para ser usados por él. Son suspicaces, temerosos, a veces agresivos, cerrados, almas heridas. Cuando otras personas tratan de acercarse a ellos y comienzan a tocar estas áreas heridas, pueden ocurrir dos cosas. Algunos reaccionan cerrándose y escapando emocionalmente. Otros atacan como un animal arrinconado para herir a aquel que está tratando de acercarse de modo que retrocedan. Este es el instinto clásico de “luchar o huir”. Estos son mecanismos de protección humanos y naturales, pero no manifiestan la naturaleza divina. Para llegar a ser una “calzada” para el Rey, estas cosas deben ser cambiadas.


En Romanos 12:2 leemos que no debemos conformarnos a este mundo sino “ser transformados por medio de la renovación de la mente”. Aquí está la solución de Dios para la “programación” de los espíritus malignos. Ella es hacer brillar Su luz en nuestro interior y exponer estas mentiras del enemigo. Así que andamos con El, El utilizará varios métodos, incluyendo las circunstancias y el consejo de otros para revelar estas áreas bajo el control del espíritu maligno. El descubrirá sus mentiras, mostrándolas por lo que son. El nos ayudará a entender cómo estas mentiras llegaron ha implantarse en nosotros. Luego El nos mostrará  Su verdad la cual nos libertará de la esclavitud bajo la cual hemos estado viviendo. Esta “renovación” de nuestros procesos de pensamiento  traerá a nuestra mente más y más bajo el control del Espíritu Santo. Cuanto más nuestros pensamientos estén bajo Su control, tanto más podemos ser una exhibición de El mismo. Verdaderamente esto es lo que todo creyente necesita experimentar.

 
GIGANTES EN LA TIERRA
 
Jesús vino a salvar nuestras almas completamente. Su voluntad es que nos convirtamos en expresiones vivientes de El mismo sin estorbos ni barreras. No hay esclavitud, herida, montaña o valle que sea demasiado difícil para que El lo cambie o lo cure. Su poder es mas que suficiente. Su amor no tiene límites. Su gracia es suficiente aún para las cosas más difíciles.

Verdaderamente, El es “capaz de salvar completamente a aquellos que vienen a Dios a través de El” (Heb.7:25). Nunca jamás debemos creer que nuestro caso es demasiado difícil  o que debemos quedarnos siempre como somos. La obra de Jesús en la cruz fue suficiente para cambiar a cualquiera a Su gloriosa imagen. Ninguno es demasiado débil. Ninguna situación es demasiado difícil. Gn.18:14 pregunta: “Hay algo demasiado difícil para el Señor?” Nuestra respuesta debe ser “no!” Debemos poner firmemente nuestra fe sobre esta realidad si vamos a ser libres. Jesús ha conquistado aún la muerte y el pecado. Todas las cosas ahora están bajo Sus pies. Su poder está ampliamente disponible para liberar a cualquiera que confía en El.


Sin embargo, nada de esto sucederá sin nuestra cooperación voluntaria. Dios no hará nada dentro de nosotros, a menos que y hasta que estemos completamente preparados y dispuestos a que El lo haga. Para poder entrar en esta buena tierra y poseerla, día a día debemos seguir la dirección del Espíritu Santo. Cuando nos dirija a áreas de debilidad o temor, allí debemos ir - día tras día, más y más hasta que hayamos vencido. Cuando El escoja permitirnos fracasar y frustrarnos, debemos someternos bajo Su mano. Podemos siempre estar confiados que lo que Dios está haciendo en nuestras vidas es lo mejor para nosotros.


Nuestra visión no puede limitarse a solamente mañana, sino que debemos también ser capaces de ver cómo Dios obra hacia el futuro. Los desafíos y sufrimientos de hoy están produciendo la gloria de mañana.


Naturalmente, nuestro viaje hacia la buena tierra involucrará muchas batallas. Tal como los hijos de Israel tuvieron que batallar con muchos enemigos para entrar y tomar posesión de lo que Dios ya les había dado, de modo que nosotros también seremos confrontados por muchos enemigos espirituales. Entre estos enemigos en primer lugar estaban los gigantes. Así también en sus almas, los nuevos creyentes tienen con frecuencia algunas fuerzas muy poderosas dispuestas a luchar contra ellos. Las áreas dañadas de nuestras almas, la debilidad que encontramos dentro de nosotros mismos, estos pueden ser muy difíciles de conquistar. No solo tenemos que luchar contra nuestra carne, sino también tenemos el poder enraizado de los espíritus malignos. No debe sorprendernos que ellos se levanten para oponerse a cualquier esfuerzo para quitarles su territorio.


Para algunos, el desafío parece abrumador. Están simplemente demasiado atemorizados. Tienen poca fe en Dios. De modo que se niegan a entrar y confrontar los gigantes en sus vidas. Se rehúsan a avanzar por fe en áreas de daño emocional o debilidad. No van a abrir sus vidas completamente y permitir a Dios tocarles. Ellos están entonces en la misma situación que los diez espías que regresaron de Canaán con un mal reporte. “Hay gigantes en la tierra”, clamaron, “somos demasiado débiles par vencerlos”. De modo que no entraron y mas bien vagaron en el desierto por 40 años hasta que murieron. Cuantos hijos de Dios hoy día están en esta misma situación, se están negando a obedecer a Jesús por causa del temor. No están dispuestos a avanzar en fe y confiar y confrontar los gigantes en sus vidas. De modo que están vagando en el desierto espiritual. Quizás van de iglesia en iglesia, de ministerio en ministerio cristiano, esperando algún tipo de liberación que no involucre ningún acto de fe de su parte. Quieren ser libres, pero no quieren tener que arriesgar nada u obedecer. Están vagando en el desierto del pecado.


Hoy día no hay falta de “ministros de liberación” que están por allí tratando de expulsar estos espíritus malignos que tienen influencia en las vidas de los creyentes. Invierten bastante tiempo gritando y reprendiendo a estos seres espirituales. El problema es que con frecuencia estos espíritus no están realmente “dentro”. Muchos individuos que tienen una pronunciada influencia de estos demonios en sus vidas no están realmente “poseídos” por ellos sino solo bajo su control o influencia como hemos estado viendo.

Por lo tanto, “echarlos fuera”tiene solo un efecto temporal. La base que ellos han establecido en las mentes de las personas afectadas permanece y por lo tanto la influencia de estos espíritus regresa. Ciertamente hay casos reales de posesión demoníaca y estos deben ser tratados apropiadamente. Pero con más frecuencia, lo que los creyentes experimentan es esta “programación” de la mente. Esto solo puede ser superado por la “reprogramación” del Espíritu Santo.

Nuestra entrada a todo lo que Jesús ha comprado para nosotros requiere nuestra fe y obediencia. El ha hecho Su parte. El ha pagado el precio que era necesario. Ahora el camino ha sido abierto para cualquiera y para que todos vengan y sean salvos- no solo nacidos de nuevo sino completamente cambiados de gloria en gloria en la imagen de Jesucristo. Está usted preparado y dispuesto a someterse y obedecer? Si es así, usted ganará recompensas eternas que nunca perecerán.


Al Principio

Capítulo 9

TABLA DE CONTENIDO

1-     El amor de Dios

2-     La oferta de la Vida

3-     Los dos árboles

4-     Las dos naturalezas

5-     La Sentencia de Muerte

6-     La Salvación del Alma

7-     El Tribunal de Cristo

8-     Montañas y Valles

9-     La Sangre del Pacto

10- Dividiendo el Alma y el Espíritu (1)

11- Dividiendo el Alma y el Espíritu (2)

12- Por Gracia a través de la Fe

13- La Imagen del Invisible

14- La Esperanza de Gloria